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Editorial
jueves 1 de septiembre de 2016, 01:00

Importante contribución para reparar la memoria histórica

Haber logrado la primera identificación de dos desaparecidos durante la dictadura del general Alfredo Stroessner marca un hito importante en el proceso de reconstruir la memoria histórica y permite conocer mejor lo que sucedió en esa etapa de la vida nacional. También ayuda a que los familiares puedan cerrar su largo duelo tras la incesante búsqueda por conocer el paradero de los restos de un ser querido, lo que les hace posible encontrar la necesaria paz. Pero probablemente la mayor contribución del trabajo encabezado por el médico Rogelio Goiburú es proveer al país del primer banco genético de familiares de personas detenidas y desaparecidas, como de un perfil genético de toda la población paraguaya.

Tras un largo proceso que empezó con los primeros hallazgos de restos de víctimas de la dictadura stronista, enterrados en fosas clandestinas en varios sitios como la ex Guardia de Seguridad, en el barrio Tacumbú, o en zonas rurales desoladas de Caazapá e Itapúa, el grupo investigador dirigido por el médico Agustín Goiburú logró que el Equipo Argentino de Antropología Forense obtenga la primera identificación positiva de dos desaparecidos.

Se trata del ex secretario general del Partido Comunista Paraguayo, Miguel Ángel Soler, detenido y desaparecido el 30 de noviembre de 1975, y de Rafaela Filipazzi, nacida en Italia, naturalizada argentina, detenida y desaparecida en Montevideo, Uruguay, en junio de 1977, y traída al Paraguay para ser torturada y asesinada, en el marco de la siniestra Operación Cóndor de intercambio represivo entre las dictaduras militares. Los restos de ambos habían sido desenterrados de fosas comunes halladas en la ex Guardia de Seguridad, junto a varios otros esqueletos que aún aguardan ser reconocidos.

Han debido transcurrir cerca de 40 años para que los familiares de Soler y Filipazzi puedan saber con precisión qué pasó con sus seres queridos y poder contar con sus restos para darles el merecido descanso, pero sobre todo para poder cerrar el duelo y obtener una merecida paz, como lo ha resaltado Jorge Miguel Soler, hijo del desaparecido dirigente comunista.

Este histórico paso es solo el inicio de un proceso que debe continuar, en una nueva etapa. Son 22 las personas cuyos restos deben ser identificados durante este año, parte los 34 primeros esqueletos hallados en el largo y afanoso proceso de búsqueda encabezado por Rogelio Goiburú, director de Memoria Histórica y Reparación del Ministerio de Justicia, a la vez hijo de un célebre desaparecido, el médico Agustín Goiburú.

También quedan muchas otras excavaciones pendientes, en base a denuncias sobre la existencia de más fosas clandestinas, para lo cual el equipo forense necesita contar con nuevos recursos. La estimación es que existen más de 500 desaparecidos durante la dictadura del general Alfredo Stroessner (1954-1989), pero están documentados aproximadamente 400 casos según el Informe Final de la Comisión de Verdad y Justicia.

Proseguir con este trabajo es una tarea necesaria, pero el equipo de Goiburú ya está brindando una gran contribución, no solamente en reparar la memoria histórica, sino también al proveer al país del primer banco genético de familiares de personas detenidas y desaparecidas, como de un perfil genético de toda la población paraguaya, elementos que serán muy útiles para futuras investigaciones científicas o para ayudar a resolver casos criminales, entre otros usos posibles.