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Opinión
domingo 31 de julio de 2016, 01:00

Humolandia

Por Arnaldo Alegre
Por Arnaldo Alegre

Humolandia es el paraíso de la necedad, del doble discurso y de la moralidad interesada y de cotillón. Allí el último moralizador que parió contra natura la República es apenas un ex presidiario que busca ganar algo de honorabilidad y respeto social a platazo limpio.

Es también el amparo y reparo de un narco regional que está construyendo una cárcel para su entera comodidad y que irónicamente invierte más que el propio Estado en ella.

Es la casa, a la vez, de un adalid de la libertad de prensa que arremete contra cualquier obra o proyecto público o privado que conspire contra sus intereses económicos y que es tolerado malamente porque todos a quienes acusa con sus verdades manipuladas o mentiras directas tienen más de un muerto en su placard y cara de eternos culpables.

También anida a un grupúsculo de trasnochados xenófobos que se apropian de la lucha social para perseguir, extorsionar, secuestrar y matar a los pocos extranjeros que vienen al país a trabajar de sol a sol y hacer dinero honradamente.

Es también hogar de un clero lascivo, protector de violadores, prebendario y genuflexo ante el poder terrenal que está a años luz de los colegas que con honra y fortaleza ayudaron a tumbar a la dictadura.

Vive en este Macondo del infortunio una clase política bruta, corrupta, cortoplacista, mendaz y profundamente autoritaria que hace lo posible, incluso transar con narcos asesinos, para mantener sus privilegios. Y son también esos criminales los que henchidos en su orgullo de ricos nuevos asaltan el Estado prostituyendo los recursos democráticos para acceder por sus propios medios a la protección de los fueros.

Es asimismo cuna de patrioteros que lloran y veneran a los muertos de la Triple Alianza, pero permiten, sin más, que un banco emblema del Brasil se adueñe del sueldo de millones de paraguayos para endeudarlos y encadenarlos a tasas usureras, dejando así a los bandeirantes como inocentes niños de pecho.

También deambulan por sus tierras un empresariado que denosta al estamento público por corrupto, ineficiencia y oneroso, olvidándose que sus grandes fortunas surgieron y se consolidaron gracias a la corrupción e ineficiencia de ese mismo funcionariado.

En este país de la sinrazón, con un cartel y corrompiendo a quien corresponde ya tenés una universidad.

Humolandia es una densa neblina de indolencia, corrupción y mediocridad que oculta a un país honesto, trabajador, inteligente y con sed de una dirigencia más sana.