10 de diciembre
Sábado
Poco nublado con tormentas
21°
28°
Domingo
Mayormente nublado
19°
30°
Lunes
Parcialmente nublado
22°
32°
Martes
Parcialmente nublado
21°
33°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Opinión
viernes 12 de agosto de 2016, 01:00

Horas de pasión y ternura

Por Carolina Cuenca
Por Carolina Cuenca

No se preocupen, no les voy a escribir sobre una telenovela. Es solo que deseo aprovechar uno de los pocos "entretenimientos educativos" sencillamente fantásticos que podemos tener por unos días en la TV mediante la transmisión de los Juegos Olímpicos de Río. Lástima que no se pasen todas las competencias por los canales locales. ¡Cuántos jóvenes poniendo en juego talento, estrategias mentales, cuerpo y espíritu para dar al máximo en un deporte!

Es una exhibición de las pocas que tenemos actualmente de esos máximos de rendimiento que generan pasión, empatía y también otros sentimientos e ideas tan propias del ser humano. Inteligencia y voluntad al servicio no solo de los deportistas, sino de todos los comunicadores, entrenadores, espectadores y organizadores del evento. La cantidad de datos y situaciones que se van dando generan una adrenalina que tendríamos que poder aprovechar educativamente y es una gala de la belleza que también está presente en nuestra historia.

Encontrarnos con gente tan joven, disciplinada, entregada y a la vez sencilla, en la mayoría de los casos, que no hacen de su excelencia un motivo de altanería ridícula, sino una razón de apasionamiento y gozo, inspira el sueño de una nueva educación para nuestro país que promueva, sin complejos y sin los condicionamientos irritantes de la moda de lo políticamente correcto, una forma auténtica de relacionarnos con la realidad.

En este nexo con estilo olímpico entre el yo y el ambiente hay sitio para el enojo, las lágrimas, la celebración, el esfuerzo, la mejora, el riesgo, la fe, la ternura y el reconocimiento de los otros, compañeros y rivales, como un bien. Porque la vida es así, dramática (con dosis de humor y también de dolor) y nuestro corazón clama por escapar del adormecimiento y la anestesia para experimentarla más a fondo.

Si algo tenemos en Paraguay son jóvenes con ansias de encontrar sus caminos de felicidad. Deberíamos crear las condiciones y el clima educativo que los estimulen y no los condicionen a la mediocridad o a nuestras neurosis en nombre de supuestas igualdades mal entendidas. Que cada uno pueda brillar con luz propia y que no tenga que renunciar a su potencial para entrar en el esquema pasivo y hasta depresivo de los que no luchan ni dejan luchar por ideales nobles. ¿De qué nos sirve una sociedad sin héroes ni villanos? No podemos anestesiar el deseo por el afán de no sufrir desengaños, que llegarán de todos modos, ni apagar la luz de la libertad en nombre de un control total que nunca se logrará.

La savia de este árbol bien crecido de una educación desde la libertad y para la libertad está en nuestras raíces culturales. No es algo que debamos inventar o forzar con leyes, sino más bien rescatar y aprovechar.

Qué bueno comenzar hoy nuestras propias olimpiadas de renovación nacional.