Una de las industrias más florecientes de los últimos años, consecuencia directa del enorme crecimiento de la producción granelera del país, es la del negocio naviero. Al amparo de las gigantescas cosechas de soja, maíz, trigo, sésamo y otros granos o cereales, el mundo del transporte fluvial paraguayo creció de manera descomunal. Varias empresas navieras se afincaron en el país y encargaron la construcción de navíos especiales para el transporte de la producción agrícola. Astilleros nacionales botaron y siguen botando barcazas, remolcadores y otros tipos de naves especiales para la tarea de transportar por los ríos Paraguay y Paraná toneladas y toneladas de granos. Estas firmas navieras tomaron bandera paraguaya y como tales tienen sus sedes en el país. Tributan en Paraguay y contratan marinos y trabajadores afines aquí. Generan mano de obra. Varias de estas empresas navieras son de capital mixto. Navieras de otros países, sobre todo de la Argentina, que se consorcian con capital nacional y adquieren bandera paraguaya a los efectos de la navegación internacional. Esta lucrativa tarea deja gran margen de dólares en el país porque las empresas de otras banderas vieron la oportunidad ofrecida por las ventajas competitivas que otorga el Paraguay en este rubro. Cargas tributarias y costos operativos menores, hacen que navieras extranjeras opten por afincarse en Paraguay y trabajar con la tricolor como su bandera de navegación. La gran "perjudicada" fue parte del ambiente naviero argentino, la que vio cómo el negocio de la hidrovía Paraguay-Paraná y el transporte de la excelente producción agrícola paraguaya pasaba frente a sus narices sin que puedan quedarse con parte de las ganancias. Los más afectados fueron los sindicatos marítimos argentinos, que vieron migrar hacia Paraguay a las empresas que les daban trabajo, espantadas en mucho por cada vez más crecientes exigencias sindicales. Con el apoyo del gobierno kirchnerista argentino, uno de los sindicatos principales del área naviera de la Argentina quedó como dueña de una empresa a la que lograron previamente acogotar. Ese sindicato, el SOMU, busca que su naviera tome parte del negocio que ahora tiene bandera paraguaya. Bloquea y sabotea a los navíos con carga paraguaya, monta sindicatos paralelos en Paraguay y presiona al Gobierno argentino para acogotar a las empresas de bandera tricolor con el objetivo de que las ventajas competitivas que ofrece hoy el Paraguay al negocio naviero desaparezcan y las empresas retornen al puerto de Buenos Aires. Es momento de que el Gobierno nacional vea la manera de mantener las ventajas competitivas que permiten a las navieras tomar bandera nacional y mantener a flote un rubro importante para la economía nacional, no solo por los dólares que deja en el país, sino por la trascendencia clave de que el transporte de la producción nacional (motora del crecimiento económico del Paraguay) queda en manos de empresas nacionales y no en la de navieras extranjeras que puedan, eventualmente, sabotear la salida de nuestros productos. Defender a la industria naviera es, en estos momentos, una manera de defender la soberanía nacional. |