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Mundo
martes 12 de julio de 2016, 07:35

Hizbulá e Israel apuestan por una guerra fría, 10 años después del conflicto

Diez años después del conflicto de 2006 entre Hizbulá e Israel, el grupo chií libanés, que ha visto fortalecido su papel en la región, y Tel Aviv, más estable que nunca en su frontera norte, parecen haberse decantado por mantener una guerra fría, en lugar de lanzarse a una nueva contienda armada.

EFE - Kathy Seleme

Desde entonces, las acusaciones, los roces e incluso los enfrentamientos de baja intensidad se han repetido de manera periódica, aunque sin llegar a desbordarse como ocurrió dos décadas atrás.

Hizbulá ha acusado a Tel Aviv de asesinar a varios de sus líderes en Siria, como Imad Mugnie, en un ataque aéreo en Damasco en la noche del 19 de diciembre de 2015, o Mustafa Badredin, el pasado 13 de mayo en una acción similar.

En respuesta al asesinato de Mugnie, Hizbulá mató, el 28 de enero de 2015, a dos soldados israelíes en el sector de las granjas de Chebaa, con un misil. Israel respondió con un bombardeo a la zona fronteriza, pero ambas partes se abstuvieron de lanzar más ataques.

Asimismo, son frecuentes los secuestros de pastores en la zona fronteriza, por parte de Israel, así como las continuas violaciones del espacio aéreo libanés.

A pesar de ello, el analista militar y general jubilado Charles Shihan descartó rotundamente que pueda haber una nueva guerra entre Israel y Hizbulá.

"Hizbulá, que salió fortalecido de la guerra de 2006, rinde en la actualidad un gran servicio a Israel, incrementando el conflicto entre suníes y chiíes" en Oriente Medio, señaló a Efe Shihan.

Además, el general estimó que el conflicto de hace diez años "permitió a Hizbulá hacerse con el control político del país", como demostró forzando la caída del Gobierno de Saad Hariri en enero de 2011, tras la retirada de diez ministros chiíes.

"Israel ganó asimismo la guerra y tiene interés en que Hizbulá controle el Líbano, ya que su frontera norte, gracias a la presencia del ejército libanés y de las Fuerzas de la ONU (FINUL), es la más tranquila, mientras que los combatientes del grupo chií están comprometidos en las guerras regionales", agregó.

Según él, "Israel desea una guerra de cien años entre suníes y chiíes", por eso cree que el Líbano no volverá a sufrir un conflicto bélico similar al de 2006.

"Para bailar se necesitan dos e Israel está interesado en que Hizbulá continúe combatiendo en los países de la región", concluyó.

De una opinión similar es el exministro, economista e intelectual libanés Georges Corm, que indicó a Efe que el conflicto de 2006 "permitió a Hizbulá consagrar su importancia estratégica a nivel regional y local, en especial en la guerra siria, y en la protección de las fronteras libanesas".

El antiguo miembro del Gobierno descartó también una nueva guerra entre Israel y el grupo chií.

"No pienso que Israel se exponga a una nueva guerra. Además, las sanciones estadounidenses contra Hizbulá no van a disminuir sus capacidades", agregó Corm, que aludió así a los castigos económicos previstos por el Acta para la Prevención de la Financiación Internacional del grupo chií.

Además, el economista destacó los retos a los que se enfrenta el Líbano, "en especial la presencia de más de millón y medio de refugiados sirios, las presiones que se ejercen sobre él a causa de la guerra en Siria y de los takfiríes (extremistas suníes)".

A pesar de ello, continuó Corm, "el país continúa funcionando. Incluso se ha logrado la reconciliación entre suníes y alauíes (secta a la que pertenece el presidente sirio Bachar al Asad) en Trípoli (norte del Líbano)", agregó en alusión a las más de veinte rondas de enfrentamientos que tuvieron lugar en esa ciudad.

Sin embargo, para el analista y profesor universitario Hyllat Mallat, "la historia ha demostrado que nadie puede involucrarse en muchas guerras al mismo tiempo".

Por ello, añade, hay que ver cómo evolucionan los acontecimientos en Oriente Medio, cuyos Estados están en descomposición.

"Es incontestable que hay más división en el mundo árabe e Israel trata de hacerla aún más profunda, sobre todo posponiendo el proceso de paz árabe-israelí", destacó.

Asimismo, considera que "Líbano pagó un precio muy caro por la guerra y quiere la paz", ya que, además, "atraviesa en la actualidad un periodo de frágil estabilidad y nadie tiene interés en que las cosas se degraden por el momento".

Para Mallat, es importante que la comunidad internacional colabore en la búsqueda de una solución para los conflictos regionales para así encontrar un desenlace al problema de armamento del grupo chií.

El último gran conflicto que enfrentó a Hizbulá e Israel comenzó el 12 de julio de 2006, tras el secuestro de dos militares israelíes a manos del grupo chií.

Esto desencadenó en una guerra abierta que causaron 1.200 muertos del lado libanés, en su mayoría civiles, y 162 israelíes, la mayoría de ellos militares, además de importantes daños materiales.