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viernes 28 de abril de 2017, 01:00

Historia de un robo político

El 3 de febrero de 1989 nos despertamos con la sorpresa de algo en que estábamos soñando y por lo que habíamos luchado y sufrido torturas, muertes y exilio durante 35 años: la huida del dictador.

Aquel día comenzamos a caminar hacia la democracia y con la Constitución de 1992 tuvimos el acuerdo nacional necesario para saber por dónde teníamos que avanzar.

Este era el pensamiento de los patriotas. Sin embargo, al mismo tiempo, se puso en marcha el mayor robo político de la historia moderna del Paraguay.

Los stronistas sin Stroessner, agrupados en el Partido Colorado, se adueñaron del poder y tiñeron de su color lo que era el periodo corto de transición hacia la democracia. Manejaron a su gusto las elecciones, quitaron y pusieron ganadores a su arbitrio, corrompieron hasta el máximo todas las instituciones del Estado para conseguir la consumación del latrocinio.

La transición era un tiempo pasajero que tenía que llegar a una meta. Era como un río que corre.

Ellos la convirtieron en un pantano por 28 años. Y con el asunto de la enmienda para la reelección, el grupo actual más fuerte del Partido Colorado quisieron que nunca acabara.

El objetivo de la transición era llegar a la democracia. Ellos se la llevaron robada y la sustituyeron por dos seudorregímenes: la oligocracia y la cleptocracia.

Después de 28 años de transición, Paraguay está en su cumbre, en poder de un grupo pequeño de las 200 familias y sus servidores y políticos comprados. Y en sus instituciones, a todos los niveles, reina la corrupción y el quedarse impunemente con lo que es la propiedad pública.

Ha llegado la hora de iniciar un juicio público a este robo tan grande. Y... ¡que se vayan todos!”.

Y también ha llegado la hora de descubrir quiénes desde el pueblo colaboraron y se vendieron a él.