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Mundo
sábado 13 de agosto de 2016, 10:48

Hillary Clinton y Donald Trump, juntos contra el Acuerdo Transpacífico

Washington, 13 ago (EFE).- El Acuerdo Transpacífico (TPP, en inglés) cuenta con un oscuro futuro en EE.UU., a juzgar por las insistentes críticas frontales de los dos candidatos a la Casa Blanca, la demócrata Hillary Clinton y el republicano Donald Trump, uno de los pocos temas en los que los dos rivales están de acuerdo.

La primera economía mundial no ha estado exenta de los efectos negativos de la globalización, que ha provocado que como en otras economías avanzadas puestos de trabajo e industrias se desplacen a otros países en busca de menores costes y mayor competitividad.

Una de las regiones donde se han sufrido más de cerca las consecuencia de la desindustrialización y deslocalización es Detroit (Michigan), epicentro de la industria automotriz estadounidense y hasta hace poco uno de los focos manufactureros del país.

Precisamente en Detroit fue donde Trump y Clinton hicieron parada esta semana durante sus campañas para criticar los acuerdos comerciales, especialmente el TPP, firmado a comienzos de año entre EE.UU. y otras once economías de la cuenca del Pacífico (México, Chile, Australia, Japón y Perú, entre ellas).

"Tengo un objetivo fundamental, quiero que los trabajos y la riqueza se queden en EE.UU.", enfatizó Trump el lunes, en un discurso en el que insistió en su intención de sacar al país del TPP y renegociar el tratado de libre comercio de Norteamérica (TLCAN), sellado con México y Canadá hace dos décadas.

Apenas unos días después, el jueves, Clinton visitó la localidad de Warren, a las afueras de Detroit, donde prometió detener "cualquier acuerdo comercial que destruya trabajos y rebaje los salarios, incluido el TPP".

"Me opongo ahora, me opondré tras las elecciones, y me opondré como presidenta", agregó.

La postura de Clinton en esta materia es controvertida, ya que ha pasado de afirmar que el TPP sería el "estándar global" de los pactos comerciales cuando era secretaria de Estado de EE.UU., a oponerse frontalmente al acuerdo, y algunos legisladores han insinuado que podría matizar su postura de llegar a la Casa Blanca.

Como causa de este cambio está la lucha por los votos del electorado blanco de clase trabajadora, que ha visto cómo los sólidos trabajos en el sector industrial bien remunerados de antaño han ido desapareciendo y siendo sustituidos por empleos de menor calidad.

De este modo, la política comercial en EE.UU., paradójicamente teñida ahora de proteccionismo en el referente del capitalismo y el libre mercado, se ha convertido en uno de los ejes de la campaña electoral y ha provocado insospechados compañeros de bando en Clinton y Trump.

Aislado queda el actual presidente estadounidense, el demócrata Barack Obama, impulsor de un tratado que busca agrupar al 40 % de la economía global y mantener la influencia en el Pacífico de EE.UU., ya que China no forma parte del acuerdo.

"Ahora mismo soy presidente, y estoy a favor del TPP", dijo Obama a comienzos de mes en una rueda de prensa conjunta con el primer ministro de Singapur, Lee Hsien Loong, país también firmante del acuerdo.

Obama, no obstante, reconoció las dudas que ha generado el proceso de globalización económica de las últimas décadas.

Para el mandatario, las "fuerzas de la globalización y la tecnología no siempre han beneficiado a todos de manera igual. Hay miedos y ansiedades de que la gente se pueda quedar atrás. Estas ansiedades son legítimas. No pueden ser ignoradas".

El TPP aún debe ser ratificado por los parlamentos de los países que lo han sellado, y Obama ha expresado su optimismo en que tras las elecciones de noviembre y antes de que deje la Casa Blanca, al inicio de 2017, el Congreso estadounidense pueda aprobarlo.

"Con suerte, una vez que las elecciones hayan culminado y la cosa se calme habrá más atención a los hechos reales tras el acuerdo y no será utilizado como símbolo o una pelota política", afirmó.

Sin embargo, la inesperada dupla de Clinton y Trump en el ámbito comercial y su coincidencia en las filas del proteccionismo parece arrojar más sombras que esperanzas sobre el futuro del TPP.

Alfonso Fernández