3 de diciembre
Sábado
Nublado con chubascos
21°
29°
Domingo
Mayormente despejado
20°
31°
Lunes
Mayormente despejado
23°
35°
Martes
Parcialmente nublado
23°
33°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Opinión
domingo 24 de julio de 2016, 01:00

Hay un mundo mejor

Por Luis Bareiro
Por Luis Bareiro

Uno de los desafíos de la modernidad es desconectarse de la rutina urbana. Apagar el celular, dejar de revisar el Facebook, anular el pitido omnipresente del WhatsApp. Mis abuelos acostumbraban a persignarse antes de cada comida, era un agradecimiento exprés heredado de los sólidos principios religiosos de sus ancestros. Mis hijas se limitan a tomar una foto con el móvil antes de probar bocado. Por alguna razón, la comida no es buena hasta que no suben su efigie al mundo virtual.

He tenido una relación amorosa juvenil con las redes sociales. En un primer momento obraron el milagro de juntar a personas desconectadas por la cotidianidad y el tiempo. Ex compañeros de colegio, de la facultad, amigos de la infancia. Personas atadas en la memoria a tiempos idos, que no necesariamente fueron mejores, pero que serán siempre en el archivo de nuestras vidas ese breve espacio en el que fuimos infantes, adolescentes o jóvenes, tiempos en los que el mundo era una aventura por empezar, tiempos en los que nos creíamos inmortales, tiempos de candidez y hormonas alborotadas.

La reconexión con esas figuras de la nostalgia supuso en un primer momento un enamoramiento con la tecnología capaz del prodigio. En los grupos, la comunicación dejó de ser esporádica para convertirse en frecuente y luego en rutinaria. Gradualmente, la novedad dejó de ser tal y los aportes perdieron interés. Contar anécdotas es divertido cada cierto tiempo, no todos los días.

A la larga el pitido pasa a ser fastidioso. Y las banalidades comunicadas revelan más del vacío de algunas vidas antes que de la calidad de las reconexiones humanas logradas. La modernidad virtual es un entramado de conexiones, es un mundo de hiperconexión, pero en el que la velocidad y la cantidad abrumadora de información nos transforman en individuos incapaces de decantar la información de calidad.

Alguien me dijo una vez que le costaba comunicarse con sus hijos adolescentes porque le hacían zapping. No pueden concentrarse más de cinco minutos en un mismo tema. Padecen de una ansiedad permanente por pasar al siguiente canal de comunicación.

Es la tentación del control. Cuando teníamos que levantarnos de la silla, trasladarnos hasta el televisor y girar una perilla para cambiar de canal le dábamos más oportunidad a lo que estábamos viendo antes de optar por cambiarlo.

El hecho es que aprovechando unos días de vacaciones que me tocaban como abejita obrera me interné con la familia tierra adentro. Despojarnos de todas las redes seductoras de la modernidad no fue fácil, pero al final, por algunas horas ocurrió. Y fue notablemente liberador. Así que aprovecho esta humilde columna que no entró en mi modesto paquete vacacional para recomendárselo. Solo unas horas en el mundo real, de ser posible rodeado de cerros y verde. Hay un mundo mejor, solo hay que estar de vacaciones...