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Editorial
viernes 17 de marzo de 2017, 02:00

Hay que corregir problemas en zonas de reiterados accidentes

El terrible choque ocurrido en la noche del miércoles, entre un camión de carga y un minibús, con un saldo de 6 muertos, es una trágica historia varias veces repetida en el mismo lugar, donde cada año se reportan accidentes similares o mucho más graves, sea por la imprudencia de los conductores, por no respetar el límite de velocidad, como por las condiciones geográficas adversas del terreno. Lo llamativo es que las autoridades encargadas de la seguridad vial hasta ahora no hayan tomado medidas para reducir los riesgos de dicha zona roja, instalando reductores de velocidad o modificando la misma estructura de circulación, así como ejerciendo un control más estricto con la presencia continua de agentes de la Patrulla Caminera. Hay que hacer algo antes de que sigamos lamentando más muertes.

Cuando ocurren reiterados accidentes de tránsito en un mismo lugar sobre rutas y avenidas de gran circulación, con lamentables pérdidas de vidas humanas, es señal de que en esa zona roja existen problemas que necesitan ser corregidos por las autoridades encargadas de la seguridad vial, para evitar que los hechos trágicos sigan ocurriendo.

Uno de los casos más recordados es el de la llamada curva de la muerte, que se advirtió tras construir la extensión de la avenida Mariscal López, desde Asunción hasta San Lorenzo, en un tramo que corresponde a la ciudad de Fernando de la Mora, en la unión con la avenida Santa Teresa. La curva de la avenida era tan pronunciada, que muchos conductores que la recorrían a gran velocidad terminaban perdiendo el control de sus vehículos, protagonizando choques y vuelcos.

Tras una seguidilla de accidentes, en varios casos con fatales consecuencias, que acabaron otorgándole al lugar el lúgubre nombre de curva de la muerte, hubo que proceder a realizar varias intervenciones en la obra, entre ellas las de colocar todo un sistema de reductores de velocidad, semáforos y controles, que finalmente lograron frenar los sucesos trágicos.

Una situación parecida se dio en el cruce de la ruta 3, General Aquino, con los tramos que conducen a San Estanislao y a Villa del Rosario, donde una pronunciada bajada motivaba a los choferes de vehículos, principalmente a los camiones de gran porte, a transitar por el sitio a gran velocidad, provocando repetidos accidentes. Nuevamente, una serie de intervenciones viales, con sistemas de reductores, fue la solución que permitió disminuir los choques y vuelcos, aunque cada tanto se siguen produciendo.

Sobre la ruta 2, el tramo de descenso del cerro Caacupé desde la altura donde se encuentra el Kurusu Peregrino, con dirección a Ypacaraí, en jurisdicción de la compañía Pedrozo es considerada desde hace tiempo una zona roja, por los reiterados accidentes. En los últimos cinco años se han dado más de 10 graves accidentes, en algunos casos con varios muertos, incluido el último caso del miércoles en la noche, en que un camión de cargas semirremolque, que transportaba 23.000 kilos de hierro, bajó a gran velocidad y sin frenos, yendo a impactar contra un minibús de la empresa Guaireñatur, dejando un saldo de 6 muertos y tres heridos graves.

Este lugar de bajada y curvas peligrosas, sin embargo, no ha merecido hasta ahora ninguna intervención de las autoridades camineras, que tienda a reducir los accidentes. Aquí no hay un buen esquema de reductores de velocidad ni modificaciones de estructura, ni tampoco hay un control riguroso. Sigue siendo un espacio libre para la imprudencia y la velocidad.

Hay que hacer algo con urgencia antes de que sigamos lamentando más muertes en la bajada del cerro de Caacupé.