26 de septiembre
Martes
Despejado
20°
33°
Miércoles
Muy nublado
21°
34°
Jueves
Muy nublado
20°
30°
Viernes
Chubascos
18°
25°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
País
jueves 25 de mayo de 2017, 01:00

Hacer el bien y resistir el mal

Hoy meditamos el Evangelio según San Juan 16,16-20.

“Es obligación de los católicos presentes en las instituciones políticas –enseñan los obispos españoles– ejercer una acción crítica dentro de sus propias instituciones para que sus programas y actuaciones respondan cada vez mejor a las aspiraciones y criterios de la moral cristiana. En algunos casos puede resultar incluso obligatoria la objeción de conciencia frente a actuaciones o decisiones que sean directamente contradictorias con algún precepto de la moral cristiana”.

“Tú, por cristiano –investigador, literato, científico, político, trabajador...–, tienes el deber de santificar esas realidades. Recuerda que el universo entero –escribe el apóstol– está gimiendo como en dolores de parto, esperando la liberación de los hijos de Dios”.

“¿Te has molestado en meditar lo absurdo que es dejar de ser católicos al entrar en la universidad o en la asociación profesional o en la asamblea sabia o en el Parlamento, como quien deja el sombrero en la puerta?”. Esa actitud equivale a decir –en la política, en los negocios, en el modo de descansar o divertirme, cuando estoy con mis amigos, cuando elijo el colegio para mis hijos...–: aquí, en esta situación concreta, nada tiene que ver Dios; en estos asuntos no influye mi fe cristiana, todo esto ni viene de Dios ni a Dios se ordena.

A propósito del evangelio de hoy, el papa Francisco dijo: “La integridad del don, a la que nadie puede quitar ni agregar nada, es fuente incesante de alegría: una alegría incorruptible, que el Señor prometió, que nadie nos la podrá quitar”.

“Puede estar adormecida o taponada por el pecado o por las preocupaciones de la vida, pero, en el fondo, permanece intacta como el rescoldo de un tronco encendido bajo las cenizas, y siempre puede ser renovada. La recomendación de Pablo a Timoteo sigue siendo actual: Te recuerdo que atices el fuego del don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos. Una alegría misionera...: la alegría del sacerdote está en íntima relación con el santo pueblo fiel de Dios porque se trata de una alegría eminentemente misionera...”.

(Del libro Hablar con Dios de Francisco Fernández).