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jueves 27 de abril de 2017, 01:00

Hacer el bien y resistir al mal

Hoy meditamos el evangelio según San Juan 3, 31-36.

Se mueve a nuestro alrededor un continuo flujo y reflujo de corrientes de opinión, de doctrinas, de ideologías, de interpretaciones muy diferentes del hombre y de la vida.

Y esto, no ya a través de libros para especialistas, sino a través de novelas de moda, revistas gráficas, periódicos, programas televisivos al alcance de grandes y pequeños...

Y en medio de esta confusión doctrinal, es necesaria una norma de discernimiento, un criterio claro, firme y profundo, que nos permita ver todo con la unidad y coherencia de una visión cristiana de la vida, que sabe que todo procede de Dios y a Dios se ordena.

“¿Te has molestado en meditar lo absurdo que es dejar de ser católicos, al entrar en la universidad o en la asociación profesional o en la asamblea sabia o en el Parlamento, como quien deja el sombrero en la puerta?”.

Esa actitud equivale a decir –en la política, en los negocios, en el modo de descansar o divertirme, cuando estoy con mis amigos, cuando elijo el colegio para mis hijos...–: aquí, en esta situación concreta, nada tiene que ver Dios; en estos asuntos no influye mi fe cristiana, todo esto ni viene de Dios ni a Dios se ordena.

El papa Francisco a propósito del evangelio del día de hoy, dijo: “Ya en esta vida nosotros participamos de la resurrección de Cristo.

Si es verdad que Jesús nos resucitará al final de los tiempos, es también verdad que, en un aspecto, ya estamos resucitados con él.

¡La vida eterna comienza ya en este momento!

Comienza durante toda la vida hacia aquel momento de la resurrección final ¡Ya estamos resucitados!

De hecho, mediante el bautismo, estamos insertos en la muerte y resurrección de Cristo y participamos de una vida nueva, es decir la vida del Resucitado. Por tanto, en la espera de este último día, tenemos en nosotros una semilla de resurrección, como anticipo de la resurrección plena que recibiremos en herencia...”.

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal, y http://es.catholic.net/op/articulos/15686/cat/566/el-que- cree-en-el-hijo-tiene-vida-eterna.html).