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martes 16 de mayo de 2017, 01:00

Hace cuatro años y once meses

Personalmente mi conciencia cristiana y democrática no está en paz hasta que desaparezcan los presos políticos en el Paraguay. Cito un caso de ellos: los presos condenados por la masacre de Curuguaty en Marina Cué, el 15 de junio del 2012.

“El Tribunal de Sentencia presidido por Ramón Trinidad Zelaya condenó a Rubén Villalba a 30 años de cárcel más 5 años de medidas de seguridad, al ser hallado culpable de asociación criminal e invasión de inmueble ajeno; homicidio doloso agravado, tentativa de homicidio doloso”.

Villalba, según la acusación, fue responsable de uno de los tres tiros que causaron la muerte del subcomisario Erven Lovera, jefe del Grupo de Operaciones Especiales (GEO). Las investigaciones concluyeron que portaba una escopeta.

Luis Olmedo recibió 20 años de cárcel; Arnaldo Quintana 18 años; y Néstor Castro Benítez, 18 años, culpables de la comisión de los hechos punibles de homicidio doloso en grado de tentativa en calidad de coautores, homicidio doloso en calidad de coautores, invasión de inmuebles y asociación criminal.

A Lucía Agüero, María Fany Olmedo y Dolores López a seis años de pena privativa de libertad, mientras que Felipe Benítez Balmori, Adalberto Castro, Alcides Ramírez, Juan Tillería fueron condenados a cuatro años de cárcel cada uno, todos por el delito de invasión de inmueble.

Lucía Agüero, Fany Olmedo y Dolores López fueron señaladas como cómplices de homicidio, al prestarse a ponerse en primera línea con niños y ancianos, para aparentar tranquilidad ante los agentes que llegaron para realizar el desalojo de Campos Morombí”.

Ninguna de estas acusaciones pudo ser probada en una farsa de juicio sobre las muertes de 17 personas donde no se investigó las muertes de los 11 campesinos y solo de los 6 policías.

Cuando falta un mes para cinco años de estar presos, expresamos la gran injusticia de estas condenas. Mi conciencia cristiana y democrática la rechaza.