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martes 15 de noviembre de 2016, 01:00

Hace cuatro años y cinco meses

Marina Cué es una asignatura pendiente todavía para el Estado paraguayo. Hasta que la aprueben personas concretas, que ocupan grandes cargos, pueden ser denunciadas de asesinatos impunes y los Riquelme de Campos Morombí pueden ser acusados de usurpadores de tierras destinadas a campesinos y usufructuadas ilegalmente por ellos.

Y ese día ya está, despacio, amaneciendo. La masacre de Curuguaty en Marina Cué, pasando por un juicio lleno de irregularidades que invalidan las sentencias, es ya causa nacional. Y no pararemos hasta lograr la libertad absoluta de estos presos políticos.

La tierra de Marina es labrada por los esposas, padres e hijos de aquellos campesinos que murieron asesinados por las balas de potentes calibres de la FOPE y de los sicarios de Campos Morombí. Marina Cué se ha convertido en un santuario de la lucha campesina. Y, un día, esta tierra será de ellos.

Vamos a soñar un rato juntos. Ya la soja de los Riquelme en Marina Cué para siempre ha desaparecido.

En las 1.748 hectáreas están trabajando Rubén, Nestor, Luis, Arnaldo y están sembrando maíz, mandioca, poroto, etc., con sus familias.

Y con ellos, juntamente las familias de los mártires Andrés Avelino Riveros, de Luis Paredes González, de Arnaldo Ruiz Díaz, de Fermín Paredes, de Ricardo Frutos, de Delfín Duarte, de Adolfo Castro, de Luciano Ortega, De los Santos Agüero, de Avelino Pindú, de Francisco Ayala. En el cielo y en la tierra, ese día lloraremos de alegría.

El Gobierno creyó que iba a ganar, pero se equivocó. Porque todo esto no es un sueño vano. Es la realidad de los pobres bienaventurados, que lloraron y pasaron persecución y vieron asesinar a sus compañeros y ellos mismos fueron burlados por un fiscal y una fiscala que los acusaron sin pruebas y todo esto lo aceptaron jueces prevaricadores, etc., pero ahora, ante el Dios de Jesús, estos serán los acusados.