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Opinión
lunes 29 de agosto de 2016, 01:00

¿Habrá más #UNAnotecalles?

Por Sergio Cáceres Mercado – caceres.sergio@gmail.com
Por Sergio Cáceres

Por supuesto, el cambio no iba a ser fácil. Luego de la oleada de indignación que significó #UNAnotecalles, varios decanos, consejeros, directores y el rector tuvieron que dejar sus cargos. Parecía que la Universidad Nacional de Asunción (UNA) por fin hallaba un camino para salir de su secular mediocridad y la corrupción de sus autoridades. Pero ese camino, obviamente, debía ser político; es decir, significaba negociaciones, todos los tires y aflojes entre posiciones de estamentos, que para colmo de males están internamente divididos.

Indefectiblemente, en toda institución educativa son los alumnos los protagonistas. En el caso de la UNA, fueron ellos los que pusieron el pecho para echar a los corruptos. Quedaron sus representantes para proseguir con el proceso y dotar a la universidad de un nuevo estatuto, ley que es clave para realizar una verdadera reforma. Pero surgieron las rencillas, algo muy normal en cualquier conglomerado político surgido en la espontaneidad de la lucha, particularmente cuando debe sentarse a dirimir posturas.

Pero hay otro factor que todos sabíamos que en un principio iba a ser un obstáculo poderoso: las mismas autoridades. Aunque puestas mediante un consenso, los que ahora gobiernan la UNA se han formado y provienen de la misma estructura corrompida, en mayor o menor medida. No había otra forma, pues reemplazar todos los cuadros con gente limpia es algo imposible. Así que se recurrió a lo que se creyó eran al menos partidarios del cambio, a pesar de que por muchos años venían formando parte de la misma estructura que ahora se combate.

En síntesis, el proceso de cambio estatutario ha tenido sus altibajos y ahora resulta de ello un distanciamiento de una parte del estudiantado. Las acusaciones van y vienen, pero finalmente el estamento más débil en la mesa es el menos favorecido: los estudiantes. Ahora solo les resta la protesta, es su única fuerza. No debe verse a este estamento como uno conformado por personas infalibles, empiezan a mostrar las miserias que muchos de los directivos ya tienen instaladas por décadas. Pero, repetimos, son ellos los principales protagonistas en toda institución educativa. Es su voz la que debe ser escuchada, por más que sea imperfecta.

Qué gran falta le hace al país tener una universidad que lidere no solo la formación de sus cuadros técnicos e intelectuales, sino que implemente una política de investigación que repercuta en la sociedad paraguaya a la que debe tanto, que piense las grandes cuestiones del país. La UNA tiene esta gran deuda por su centenaria historia y por su presupuesto. Si ella no es la entidad universitaria líder, menos podemos esperar de las otras universidades públicas y de las pocas privadas que toman seriamente. Ella debe dar el ejemplo.

Si la condición para que el verdadero cambio se instale en serio en la UNA es otra revuelta similar a la del año pasado, pues bienvenida sea.