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Editorial
viernes 26 de mayo de 2017, 02:00

Guairá: Institucionalidad no puede depender de un voto

La crisis política que se venía arrastrando en la Gobernación del Guairá finalmente parece haber sido resuelta cuando uno de los concejales, el presidente de la Junta Departamental, cambió sorpresivamente de bando político dentro de la puja interna del Partido Colorado e inclinó la mayoría hacia el gobernador Rodolfo Friedmann, anulando las resoluciones en las que se habían fraguado las renuncias del jefe del Ejecutivo regional. Lo sugestivo es que los organismos encargados de dar garantías no han ayudado a resolver la cuestión y esta finalmente se tuvo que zanjar con una situación provocada por el oportunismo político. La institucionalidad democrática no puede depender del cambio de un voto.

La peculiar crisis política que se desató meses atrás en la Gobernación del Guairá, cuando un grupo mayoritario de concejales departamentales habían aprovechado el viaje de luna de miel del gobernador Rodolfo Friedmann para destituirlo del cargo, aceptando una supuesta carta de renuncia, finalmente parece haber sido resuelta de la manera más inesperada y menos convencional, cuando el actual presidente de la Junta, el concejal departamental Rodolfo Pereira, decidió cambiarse de bando político en la puja interna del Partido Colorado, y al hacerlo también cambió su voto en el conflicto, inclinando la mayoría en favor de Friedmann.

De este modo, lo que no se pudo lograr con la intervención de la Justicia Electoral ni de la Justicia ordinaria, ni del Ministerio Público, ni de cualquiera de los organismos políticos locales, al final se logró con una situación de puro oportunismo político.

De hecho, todo parece indicar que el peculiar golpe de Estado regional contra Friedmann había sido maquinado debido a que el gobernador, que pertenecía al movimiento interno Honor Colorado de la Asociación Nacional Republicana (ANR), liderado por el presidente Horacio Cartes, estaba en tratativas de migrar al movimiento disidente Colorado Añetete, liderado por Mario Abdo Benítez, que finalmente se concretó. Ante esta presunta traición, los referentes del cartismo en la región aprovecharon que tenían mayoría de concejales en la Junta Departamental y decidieron destituir al titular del Ejecutivo, fraguando su renuncia en su ausencia.

El resto del culebrón político es conocido. Friedmann negó haber firmado renuncia alguna y apeló a todas las instancias políticas y jurídicas, pero sus adversarios también impusieron varios recursos, ocasionando momentos de mucha confusión mediática, en que el Departamento del Guairá llegó a tener hasta tres gobernadores al mismo tiempo.

Lo grave de toda esta cuestión es que las instituciones encargadas de velar por la institucionalidad republicana, en lugar de actuar y poner claridad, acabaron prestándose aun más al perverso juego de la politiquería criolla, con resoluciones y contrarresoluciones, que un día daban supuesta legitimidad a uno de los gobernadores y al otro día al otro, generando mayor confusión en la ciudadanía.

Ahora todo se resolvió de manera simple. El titular de la Junta, Rodolfo Pereira, también se pasó del sector oficialista colorado al disidente, inclinando la mayoría de votos a favor de Friedmann para anular las resoluciones en las que se aceptaban su renuncia. Así, Friedmann fue respuesto como gobernador del Guairá. Lo penoso es que la institucionalidad democrática dependa de un simple cambio de voto.