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Opinión
jueves 28 de julio de 2016, 01:00

Golpear no es educar

Carlos Elbo Morales
Por Carlos Morales

Desde hace tiempo circula por el Facebook una imagen que muestra una rama, un cinto doblado y una zapatilla. Bajo dichas imágenes, dice más o menos algo así como: "Estos eran los psicólogos de nuestra época". O una frase con una idea parecida. Ante tal posteo, abundan los comentarios que elogian el cartelito con comentarios como "gracias a eso yo hoy salí bien", "por culpa de que no podés tocarles más a tus hijos ahora son todos terribles", "qué buena época aquella" y otras expresiones igual de retorcidas. En síntesis, dicha publicación despierta en muchos una especie de nostalgia hacia la violencia física ejercida hacia los niños. Reivindicar y aplaudir este tipo de imágenes y, sobre todo, justificar el uso de dichos elementos para "corregir" a los niños no puede ser algo menos que una bestialidad suprema. Cualquiera que tenga cierta noción de las consecuencias del castigo físico, principalmente en las personas, puede entender perfectamente que no es ese el camino que los padres o tutores deben de seguir para educar a sus hijos. Tenemos por lo menos dos generaciones que han padecido los golpes con bofetadas, cintarazos, guacheadas, con ramas, cables, zapatillas y cuanto hubiera a mano. No son pocos los hogares donde esta situación se repite a diario. Los agresores, que podían ser padres, tíos, madres o incluso maestros, utilizaban como excusa que todo lo hacían "por el bien" de los niños. Los que justifican estas barbaridades de antaño señalan que eso les ayudó a ser buenas personas. Sin embargo, si a la cantidad de la población que fue castigada le hubiese servido para "salir bien", ergo, buenas personas, ¿porqué no tenemos una sociedad mejor? Por el simple motivo de que golpear y castigar nunca fueron sinónimo de educar.

No se puede negar que existen niños que tienen un comportamiento insoportable muchas veces. Pero dicho comportamiento justamente no se debe a que no sean castigos. Se trata de todo un proceso educativo que no es fácil para nadie y que resulta un camino más arduo que levantar la mano para enseñarle al niño a "portarse bien". La tarea viene de la misma casa y unos golpes no solucionarán la falencia de no saber usar las palabras. Hace poco el país se estremeció ante el caso del pequeño de tres años quemado por su padrastro en las partes íntimas, para que dejara de mojar la cama. Un acto demencial sin límites, pero que tiene una raíz cultural profunda, ya que el consejo venía de parte de una persona mayor. ¿Se diferencia mucho el padrastro de los padres que cintarean o abofetean a sus hijos? La respuesta es no.