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Mundo
sábado 29 de abril de 2017, 03:05

García Rodero: "Nunca he hecho una foto con el móvil"

Río de Janeiro, 29 abr (EFE).- Considerada como una de las mejores fotógrafas del mundo, Cristina García Rodero defiende la fotografía como arte y, aunque se aprovecha de las nuevas tecnologías, asegura que "nunca" tomó una imagen con su teléfono móvil y no sucumbe a la tentación de probarlo.

García Rodero (Puertollano, 1949), la única española miembro de la prestigiosa agencia Magnum, comenzó a hacer fotos desde muy joven, hace casi medio siglo, y ha vivido los cambios que han revolucionado la fotografía en las últimas décadas.

"Ha aparecido una nueva técnica muy importante, que va a revolucionar tanto como la imprenta. Eso son las nuevas tecnologías. Pero no van a morir otras cosas, las viejas técnicas", apunta en una entrevista con Efe en Río de Janeiro.

Reconoce que la tecnología digital ha facilitado, y abaratado, mucho el trabajo, aunque alerta de una "banalización" de la imagen con la proliferación de las cámaras de pequeño formato y de los dispositivos incorporados a los teléfonos móviles.

"Se está banalizando mucho la fotografía, el protagonismo, el jugar con la cámara, el llevarte el recuerdo... hay como una verdadera ansia de llevarte y grabar todo lo que está sucediendo", opina García Rodero, quien, entre una larga lista de reconocimientos, cuenta con el World Press Photo.

"Se está banalizando porque está al alcance de todos y es como un juego, pero es algo, para mí, muy serio", continúa.

"Nunca en mi vida he hecho una foto con el móvil. Nunca, nunca, nunca. Lo odio, lo aborrezco, porque todo el mundo me localiza y quiero mi libertad", insiste García Rodero, que, de momento ni siquiera siente la tentación de probar.

"No me gustaría hacer fotos con el móvil. Quizás estoy empachada de ver a tantas personas hacer fotos con los móviles. No tengo curiosidad", asegura.

No obstante, admite que ha sucumbido a las ventajas de las cámaras digitales.

En su último viaje a la India pasó 45 días en Anantapur para retratar la dura realidad de las mujeres y preparar una exposición que se exhibe en estos días en Madrid.

"Creo que tomé más de 60.000 fotografías", reconoce.

"Al principio disparaba menos, pero como ahora no cuesta, y puedes tirar más de 1.000 fotos con las tarjetas de memoria, no te preocupas. En un segundo puedes tirar seis fotogramas", explica.

No es de extrañar entonces que no tenga idea de cuantas fotografías almacena en su archivo y que admita que tiene material que aún no ha podido mirar ni clasificar desde 2009.

"Me da un poco de tristeza, pero no puedo con todo", lamenta García Rodero, premio nacional de fotografía y recientemente galardonada con el "honoris causa" de la Universidad española de Castilla-La Mancha.

Acaba de terminar un taller de fotografía impartido en Río de Janeiro, en la sede del instituto Cervantes, con motivo del 70 aniversario de la Agencia Magnum y piensa ya en sus próximos proyectos.

"Parto de cosas que me interesan y que puedo hacer", explica, y evoca sus inicios en la fotografía, a principios de los años 70, cuando compaginaba su actividad como profesora de Bellas Artes con la búsqueda de ceremonias y fiestas tradicionales en los rincones más apartados de España.

Durante 15 años, desde los estertores del franquismo a la consolidación de la democracia, García Rodero retrató una "España oculta".

"Viví un tiempo muy importante porque sabíamos que España iba a cambiar rápidamente, éramos conscientes, entonces había que fotografiar esa España que iba a cambiar", recuerda.

"Cuando comencé, a veces podía ser el primer fotógrafo que pasara por ese pueblo. Ellos no entendían que hicieras 600 kilómetros para fotografiar sus pequeñas fiestas. Quizás por fotografiar una máscara que para ellos era la de toda la vida, pero tú sabías que era una de las pocas que quedaban en Europa y sabías de su importancia y que aquello se podía perder o podía cambiar".

Entonces le movía la misma inquietud que ahora la lleva a viajar a la India, a Cuba, Brasil, Etiopía o Kosovo, donde hace años retrató a los refugiados.

La fotografía, explica, "no es una profesión, es una forma de vida" y "cuando hay vocación y sabes lo que quieres, todas las dificultades quedan a un lado".

Anima a los jóvenes que sienten esa vocación a formarse y a volcarse en su pasión: "No hay que tirar la toalla. Esto es un trabajo a largo plazo", concluye.

Mar Marín