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martes 26 de julio de 2016, 03:48

Frédéric Bazille, el eslabón perdido del impresionismo

Montpellier (Francia), 26 jul (EFE).- El pintor francés Frédéric Bazille, alumno de Manet y amigo íntimo de Monet y Renoir, fue una pieza esencial para la evolución del arte moderno y el florecimiento del impresionismo. No alcanzó la fama debido a su prematura muerte, pero hoy el Museo Fabre de Montpellier salva su memoria del olvido.

Bazille viajó a París con solo 21 años, en 1862, para estudiar arte en el estudio de Charles Gleyre, donde conoció a Claude Monet, quien será su compañero de armas desde entonces.

Ambos pintarán al aire libre y aprenderán en aquella época a reproducir la atmósfera luminosa de la naturaleza mediante una amplia paleta coloreada.

Los burgueses padres de Bazille -quienes finalmente reconocieron el talento de su hijo tras recibir en 1864 el cuadro "Desnudo acostado", inspirado en la Olympia de Manet- decidieron financiar el estudio en el que se instalaría un año más tarde Frédéric junto a Monet en Batignolles, en París, encima del de Delacroix.

"Bazille era un persona muy generosa, ayudaba a sus amigos, incluso compró a Monet 'Mujeres en el jardín' en un momento en que el pintor se encontraba con grandes dificultades económicas. ¿Qué hubiese sido del joven Monet si Bazille no le hubiese ayudado al inicio de su carrera?", dice a Efe el comisario de la exposición, Michel Hilaire.

Acogía en su casa-estudio a sus amigos, al ser el que menos problemas económicos tenía.

Los miembros del llamado "grupo de Batignolles" se tomaban entre ellos como modelos y practicaban con los mismos elementos, como bien retrata el cuadro "Renoir pintando la garza" de Bazille, un bodegón que ambos pintarían y en el que este usaría colores más claros.

Su reconocimiento en la sociedad francesa empezó gracias a su participación en el Salón de París. Cada año presentaba sus obras, de las cuales los jueces siempre seleccionaban la más conservadora, como el bodegón "Los peces" frente a "La Joven del piano", o como "Pequeña italiana" en vez de "La toilette", obra de vanguardia.

Bazille, junto a sus compañeros, realizaron toda una revolución contra las instituciones artísticas, incluso hicieron una petición al Ministerio de Bellas Artes para conseguir otro salón en París, ya que el que había era muy rígido y conservador y no permitía a los jóvenes artistas crecer en el mundo del arte.

Su carrera profesional se reduce a seis años, de 1864 a 1870, en los que solo se centrará en su trabajo artístico, siendo una pieza importante en el florecimiento del impresionismo. En su composición hay nuevo encuadre, usa una paleta muy colorida y facciones caricaturescas, poniendo al mismo nivel el hombre y la naturaleza.

Este estilo se ve con la culminación de una de sus obras más características, "Retrato de familia", presentado en el Salon de París en 1868 y pintado en la finca de sus padres en Méric, en Montpellier. Su tierra natal es su rincón de reflexión e inspiración, allí pasa todos los veranos y profundiza en la técnica de la luz y el paisaje.

Asimismo en las nuevas corrientes de vanguardia del Segundo Imperio se percibe la influencia de los realistas españoles como Goya y Velázquez en el estilo de Manet y Courbet, quienes a su vez también contribuyeron en Bazille, Monet, Renoir, Degas y Cézanne.

Bazille, republicano comprometido, parte a la guerra franco-prusiana siguiendo la tradición familiar, donde fallecerá dejando sin acabar "Estudio de joven desnudo", que refleja su introspección, su melancolía y su ensoñación antes de la batalla.

"Si Bazille hubiese vivido más tendría la misma notoriedad que sus amigos Monet y Renoir. Él no tuvo tiempo de aportar muchas obras, en su corta carrera solo realizó 55 cuadros antes de morir con 29 años en la guerra. Imagínese si hubiese llegado a vivir hasta los 86 como Monet", observa Hilaire, también director del museo Fabre.

Después de este homenaje en Montepelier, su ciudad natal, la exposición "Fréderic Bazille, la juventud del impresionismo" será presentada en noviembre en el Museo de Orsay de París y a principios de 2017 en la Galería Nacional de Arte de Washington, para así sacar a la luz a un pintor que tanto hizo por el arte moderno.

Sandra Jabalera