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Interior
viernes 29 de julio de 2016, 01:00

Finalmente San Cosme y Damián tendrá su puente con Cnel. Bogado

Por Raúl Cortese

ENCARNACIÓN

La tan esperada y necesaria obra sobre el arroyo Aguapey, que separa a los distritos de Coronel Bogado y San Cosme y Damián, tuvo su oficial inicio con la presencia de las autoridades distritales, el director paraguayo de la EBY (Entidad Binacional Yacyretá), ingeniero Ángel María Recalde, y el gobernador de Itapúa, Luis Gneiting. Esta obra de concreto tiene una inversión de unos de G. 5.281.350.816. En la oportunidad el director informó igualmente a las autoridades municipales sobre la adjudicación de las obras de pavimentación asfáltica de la calle Carmelo Peralta, que demandará una inversión de alrededor de G. 2.500 millones, y la ejecución próximamente de obras eléctricas en la zona. “No podemos hacernos cargo ni cumplir con atrasos y falta de atención de tantos años porque no estamos pasando por el mejor momento financiero, pero existe toda la intención de trabajar en forma conjunta con las autoridades”, significaba el actual director de la EBY , lado paraguayo.

Calvario. Pánfilo Ferreira, antiguo poblador de Coronel Bogado y uno de los constructores del puente de madera que en la década de los 60 fuera confeccionado por los propios vecinos, constituía la unión entre ambas localidades, ahorrando un trayecto de unos 40 kilómetros para quienes utilizan este camino. Cuenta Ferreira que el raudal del Aguapey, a consecuencia de las lluvias, fue perjudicando las bases de la construcción, que terminaron por llevarse toda la estructura. Años de necesidades y de pedidos sin respuesta pasaron, y cuando se construye la represa las aguas del arroyo descienden, una vez más los pobladores vuelven a construir el puente de madera. “Empezamos a cruzar con nuestros vehículos y motos, pero usamos maderas que ya habían sido utilizadas en la primera construcción y eran menos largas porque tuvimos que cortar, la estructura no aguantó al ser más baja que la anterior y el agua volvió a llevarse nuestro puente, estábamos en estas condiciones desde hacía más de tres años”, dijo Ferreira.

Hoy, y desde tres años atrás, se cruza en una endeble balsa de madera atada a cabos de acero, que su operador, Alcibiades Silva, tiene prohibido enfermarse. “Cinco mil se cobra por las motos; autos y camionetas no cruzan porque no existe bajadero, el paso de las personas se cobra a voluntad, G. 1.000 o 2.000, de todo lo que se recauda diariamente yo solo recibo un porcentaje”, nos aclaraba Silva, mientras volvía a enrollar el cabo de acero para poder cruzar al otro lado con una suerte de malacate.