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Mundo
miércoles 26 de abril de 2017, 13:22

Félix Guirola, el cubano que pedalea en las alturas, sueña con el Guinness

La Habana, 26 abr (EFE).- La gran pasión del cubano Félix Guirola es pedalear en las alturas desde gigantescas bicicletas construidas por él mismo para recorrer las calles de La Habana, donde ya es un personaje popular que sueña con entrar en el libro "Guinness" por el biciclo más elevado del mundo.

A sus 53 años y con la maestría y rapidez de un acróbata, Félix escala una bicicleta de tres metros que está recostada en la pared de la fachada de su casa en La Habana Vieja, casco histórico de la ciudad, y se impulsa por la estrecha calle Aguacate ante el asombro de muchos con los que se cruza en el camino.

"Para mi el paraíso está en las alturas y todos los días subo a las alturas", declaró a Efe este ciclista cubano que desde hace 35 años se dedica a construir megabicicletas con recursos propios y donativos de amigos que admiran su inventiva y perseverancia.

Félix comenzó construyendo biciclos elevados de 1,70 metros, marca que fue subiendo a los a los 2,5 metros, 3m, 3,6m, 4m, 6m, hasta la de 7,5 metros, con la que intentó batir el récord, aunque se le rompió en medio de la prueba.

A hacer sus recados sale con una más pequeña y manejable, de 3 metros, con la que es habitual verlo pedaleando por el famoso Malecón habanero o la avenida Prado, para asombro de transeúntes y turistas.

No obstante, su meta es construir bicicletas mayores, de 12 o 15 metros, para lo que espera poder viajar este verano a Detroit, la capital automotriz de Estados Unidos, invitado por el actual récord Guinness estadounidense Richie Trimble.

Trimble -que ostenta el récord con su bicicleta "Stoopidtaller" de 6,15 metros- le visitó el pasado mes en La Habana y le ayudó a armar el ciclo de 7,5 metros y 120 libras de peso.

La afición común por pedalear en las alturas se transformó en una estrecha amistad reflejada en tatuajes: cada uno se tatuó en la pierna la bicicleta construida por el otro.

En Estados Unidos espera poder conseguir materiales como duraluminio, fibra de carbón o titanio -imposibles de obtener en la isla- lo que permitiría bicicletas más estables, ligeras y seguras, ya que en Cuba utiliza tubos de hierro, que moldea en el taller de un amigo soldador.

"Mis bicicletas se componen con cuadros chinos y lo demás es platina de rejas, cabillas (barra de acero) de construcción y tubos de andamios que son para hacer los bajantes. Las llantas son rusas de los años ochenta", explica.

Con cualquiera de esas bicicletas, Félix ya podría entrar en el libro Guinness -el récord está en 6,15 metros- y para ello tiene previsto solicitar pronto a las autoridades de tránsito de La Habana los permisos necesarios para circular cerca de las nubes por el turístico Paseo del Prado.

"Todo lo que hago con las bicicletas es por mis propios medios, soy albañil por cuenta propia y de ahí saco el dinero con el que compro los cuadros que son caros cuestan 50 pesos cubanos (unos 2 dólares)", apunta.

Guirola habla con ilusión de la expectación que provoca en las calles desde sus altísimas bicicletas: "la sonrisa de los niños y la admiración de las personas que se quedan atónitas cuando me ven".

No teme a las alturas, ni a la velocidad, asegura que puede alcanzar casi los 50 kilómetros por hora, encaramado en una bicicleta de 2,95 de altura.

"A la hora de tomar velocidad todo es romper la inercia, solo pie, pista y no nervio. Yo no tengo fobia, me fascina la altura", afirma este ciclista, que llegó a recorrer en una de sus bicicletas los 110 kilómetros que separan la ciudad de Camagüey y su natal Ciego de Ávila, en el centro de la isla.

De baja estatura y complexión física ligera, Félix -que de joven ganó ocho medallas como boxeador- se define como una persona "humilde y sencilla", "campesino por naturaleza" que en su niñez se subía a cocoteros y palmeras con la misma agilidad que se sube hoy a las bicicletas.

Su afición por las bicicletas de altura comenzó en 1981 cuando construyó la primera y la paseó por los carnavales en Ciego de Ávila ante la mirada asombrada de la gente, y ya no pudo parar hasta verse subido en la bicicleta más alta del mundo.

Raquel Martori