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Opinión
domingo 19 de febrero de 2017, 01:00

Fantasmas

Benjamín Fernández Bogado – www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com
Por Benjamín Fernández Bogado

Para un país que no ha hecho duelo de su mayor tragedia: la guerra genocida del 70, toda afirmación que combine sangre, armas y dictadura nos lleva a liberar los peores fantasmas que habitan entre nosotros. Eso pasó esta semana con la afirmación del ministro de Defensa del actual Gobierno, quien dijo que el martes próximo los militares saldrían a las calles a contener la confrontación entre partidarios de la violación constitucional y los que se oponen a ella.

Muy suelto de cuerpo dijo que no era muy jurídico ni constitucional lo que decía (¡). No es una "piedrita nomás" como afirmaría el desubicado monseñor Valenzuela; estamos ante una montaña de problemas cuyas derivaciones son insospechadas pero nada halagüeñas.

El país entra en la deliberación callejera donde cualquier cosa puede pasar. La racionalidad ha dado paso a los improperios y el diálogo al insulto. Se medirán las fuerzas de la manera más primitiva posible y después sabremos cómo distribuir responsabilidades cuando lloremos a nuestros muertos como en marzo del 99 o en junio del 2012.

Esta sociedad ultraconservadora solo se sacude con la muerte y eso lleva implícita la afirmación de Diógenes Martínez. Decidió abrir el paraguas ante lo que se viene, tocando la médula de una República inconmovible ante la razón, pero notablemente sensible a todo lo que huela a sangre.

Los que agitan los fantasmas pueden ser la principales víctimas de ellos. Eso no midió Cubas cuando liberó a Oviedo y solo comprobó su error cuando el magnicidio del vicepresidente Argaña y las manifestaciones combinaron reclamos de campesinos y rechazo a la muerte. Keres se apoderó de la plaza y no paró de dirigir sus tentáculos hasta la salida de Cubas al exilio en Brasil.

Aquella vez, una ingenua ministra de Salud, antes de la matanza, afirmó en televisión que los hospitales públicos estaban en alerta máxima para recibir a los heridos y muertos. Horas después comenzamos a llorar y contar a los caídos. Muchos de esos protagonistas hoy vuelven a estar en la misma situación. La ex primera dama y hoy senadora Mirtha Gusinky, el ex secretario privado Gustavo Leite y el ex secretario general Canillas son parte del mismo reparto que ojalá no concluya en la misma tragedia del 26 de marzo de 1999.

Como si todas estas coincidencias no fueran suficientes, miles de langostas se desataron en la semana sobre los cultivos del Chaco, recordando a los creyentes una de las 10 plagas que azotaron a Egipto en tiempos del cautiverio de los hebreos por los faraones.

Hemos debatido suficientemente sobre la no conveniencia de modificar el artículo de la reelección por el camino de la enmienda. Se presentaron todas las razones, pero ni Cartes ni Lugo ni Llano lo entendieron. Parecía que sí y afirmaron estar de acuerdo hasta que cambiaron de postura. Hoy solo queda la calle para dirimir los conflictos.

Los fantasmas rondan de nuevo. Han salido para alborotar el cotarro y muchos saben que solo en ese ambiente tienen alguna chance de poder y riqueza sin medir las consecuencias.

Pobre Paraguay, que no termina de aprender de sus propias experiencias.