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lunes 18 de julio de 2016, 01:00

Faltan políticas que reduzcan las graves desigualdades

El problema de la tierra en Paraguay no afecta solo a la población campesina. Una importante proporción de alimentos de la canasta básica familiar proviene de la agricultura familiar, por lo que este sector, además de que tiene el potencial de producir alimentos sanos y nutritivos, contribuye a mantener estables los precios. La falta de acceso a la tierra de las nuevas generaciones obliga a la juventud a migrar en busca de opciones que al final tampoco existen, con el agravante de estar lejos de su familia. El Gobierno no puede continuar sin una política que permita calidad de vida en el campo, ya que de ello depende la calidad de vida en las ciudades.

La provisión de alimentos sanos y a precios justos beneficia a la población urbana y genera ingresos a la población campesina. Es impensable que nuestro país pueda crecer sostenidamente, reducir desigualdades y proyectarse hacia el desarrollo sin tener en cuenta que hay vínculos entre lo que pasa en el campo y la calidad de vida de la población. La reducción de la pobreza se estancará si no hay ingresos en el sector rural y si suben los precios de los alimentos.

Si bien la cultura alimentaria fue cambiando en las últimas décadas, la mayor parte de las comidas tradicionales o que le gustan a la población paraguaya necesitan alimentos producidos en las fincas campesinas.

El desabastecimiento desde el año pasado de frutas, verduras y leguminosas y el consiguiente aumento de precios derivado de la escasez han hecho necesario abrir el mercado a la producción argentina y brasileña.

Los reportes públicos indican que, como nunca, el mercado está lleno de productos importados, poniendo en peligro la oferta de alimentos en la ciudad y la seguridad alimentaria. Este tema no es menor. Un país cuya alimentación depende de otros países lo ubica como altamente vulnerable, situación que se agrava si consideramos los problemas que agrega el factor climático que de por sí ya hace altamente volátil la economía paraguaya.

Los obstáculos para el acceso a la tierra por parte de los campesinos, la ineficacia de la extensión agraria, la exclusión financiera, la deficiente infraestructura vial y los bajos años promedio de estudio de la población ocupada impiden a las familias campesinas lograr ingresos y calidad de vida, expulsando a muchos de sus miembros hacia situaciones que desde todo punto de vista son cuestionables, tanto para las personas que deben salir a buscar otras fuentes de empleo como para el desarrollo.

No se puede negar que muchos de los problemas de la ciudad tienen origen en el campo, como por ejemplo la migración de adolescentes y jóvenes que luego se convierten en seres humanos casi repudiados por un sector de la sociedad, que hasta aprueba que sean reprimidos o encarcelados si lo molestan.

El problema de la tierra en Paraguay afecta a todos, negar su relevancia muestra una actitud irresponsable no solo hacia la población campesina, sino también para el resto de la población que vive en las ciudades, cuya proporción está aumentando sistemáticamente.

El Gobierno no puede continuar sin una política que permita calidad de vida en el campo, ya que de ello depende la calidad de vida en las ciudades. Una política que reduzca la grave desigualdad en el acceso a la tierra y permita mejores condiciones para producir y comercializar nos beneficia a todos.