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Editorial
viernes 1 de julio de 2016, 01:00

Evitar todo populismo con el nuevo barrio para inundados

La decisión de Diputados de dar luz verde al proyecto de un barrio modelo para pobladores humildes, procedentes de zonas inundables de la Chacarita y Zeballos Cué, en el predio del RC4, implica un gran desafío para el actual Gobierno. Si la iniciativa resulta bien, trazará un camino de solución definitiva al periódico drama social de las inundaciones. Para ello se deberá evitar todo populismo en el proceso de reubicación de las 1.000 familias seleccionadas y, por sobre todo, acompañar a los beneficiados en todos los detalles de su adaptación, garantizándoles –además de la tierra y la vivienda propias– el acceso a servicios de transporte, educación, salud y fuentes de ocupación.

Tras mucha polémica, la Secretaría Nacional de la Vivienda y el Hábitat (Senavitat) obtuvo luz verde de la Cámara de Diputados para iniciar los trabajos del futuro barrio modelo San Francisco, en un predio de 23 hectáreas pertenecientes al Ministerio de Defensa, lugar conocido como RC4, por haber sido destinado en principio al Regimiento de Caballería N° 4.

Para que el plan pueda ejecutarse, fue necesario que la Cámara Baja rechace el miércoles un proyecto de ley del Senado, que buscaba declarar área silvestre protegida al predio en cuestión, con el argumento de que se trata de un pulmón ecológico para la capital, respondiendo principalmente a sectores de la oposición que buscaban trabar la obra impulsada por el actual Gobierno.

Más allá de los intereses que mueven a uno y otro sector, el proyecto elaborado por la Senavitat resulta atractivo por sus componentes técnicos y sociales, que plantea la construcción de 112 viviendas unifamiliares y 888 departamentos, para 1.000 familias procedentes de áreas inundables del barrio Ricardo Brugada, más conocido como la Chacarita, y de Zeballos Cué, además de edificios comunitarios y servicios viales acordes a un barrio moderno.

Aunque no será la solución global para la mayoría de los pobladores de los bañados, evidentemente ayudará a descomprimir la situación de marginalidad y pobreza, y por sobre todo señalará uno de los caminos posibles en la búsqueda de salidas a un drama social que se repite casi cada año, con cada inundación.

Sin embargo, para que el plan sea realmente efectivo, se debe evitar la instrumentación a favor del partido de Gobierno, que suele ser una característica en la política paraguaya.

Es de esperar una elección equitativa de los beneficiados, sin importar colores partidarios ni relaciones de caudillismo, siguiendo con un acompañamiento integral a las familias reubicadas, en todos los detalles de su adaptación, garantizándoles –además de la tierra y la vivienda propias– el acceso a servicios de transporte, educación, salud y fuentes de ocupación, para que no suceda lo que ha pasado con otros proyectos habitacionales, en que los reubicados acaban abandonando sus nuevas casas y regresando a sus antiguos lugares por no hallar formas de subsistencia.

Esta propuesta, además, no debe excluir otros modelos de soluciones, como el desarrollo del plan de la Franja Costera, que permita que quienes quieran seguir residiendo en las zonas ribereñas puedan acceder a la adquisición y titulación de las tierras, y a condiciones de vida más digna en los lugares donde por mucho tiempo han habitado.