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Opinión
lunes 25 de julio de 2016, 01:00

Europa en un vaporoso vapor

Por Blas Brítez - @Dedalus729
Por Blas Brítez

A fines de 1895, el escritor inglés Arthur Conan Doyle llegó a El Cairo en búsqueda del clima seco que necesitaba su esposa enferma de tuberculosis, Louise Hawkins. Egipto comenzaba a ser un destino turístico, todavía excepcional y minoritario. En enero del año siguiente, el creador de Sherlock Holmes —al que había lanzado en las cataratas de Reichenbach dos años antes, a pesar de las protestas de su madre, y al que resucitaría unos años después— hizo una travesía hasta Wadi Halfa, en la frontera sudanesa. Allí se encontró con un temeroso grupo de turistas occidentales, quienes no poseían escolta y temblaban ante la posibilidad de ser atacados por milicianos islamistas inspirados en Muhammad Ahmad (1841-1885), el líder nacionalista que luchaba contra los soldados sudaneses —y quien un siglo después influiría en Osama Bin Laden—, cuyos gobernantes títeres estaban manejados desde El Cairo por los compatriotas del escritor.

El episodio no fue ajeno a la impronta literaria de Conan Doyle. En 1898 publicó La tragedia del Korosko. Es una obra apenas recordada, como casi todo lo que no es parte del "ciclo Sherlock Holmes". Pero creo que es dos veces relevante en la literatura europea: aun con algunos precedentes de Julio Verne y de Emilio Salgari, nadie como él escribió antes una novela tan política sobre un grupo de personas víctimas de un entorno exótico y hostil hoy familiar para nosotros: el mundo árabe; su visión sobre el europeismo, el nacionalismo islámico y el cinismo de Occidente respecto a su proyecto civilizatorio resultan hoy absolutamente actuales. Su ironía de Sir que no firmaba con ese título es evidente.

Cuatro ingleses, tres norteamericanos, dos irlandeses y un francés son capturados por milicias islámicas luego de bajar del vapor Korosko. Lo que sigue es una narración trepidante de unas vidas blancas y cristianas en manos de fanáticos religiosos que, a su vez, llevan a cabo una guerra de liberación nacional que los secuestrados —demasiado turistas— no alcanzan a dimensionar. Pero lo verdaderamente simbólico ocurre antes del secuestro: todos se sienten seguros en el vapor y analizan el sucio mundo exterior que van a conocer, pero que ya sienten como suyo por ser oriundos de países imperialistas. Todos se sienten inocentes y provenientes de una civilización que impone orden y progreso en el África árabe. Monsieur Fardet critica a los ingleses, pero cuando mencionan la presencia francesa colonial en Argel se indigna: "¡Argel pertenece a Francia!".

A veces creo que los simples ciudadanos de Europa y de los Estados Unidos se sienten en sus países como si estuvieran en el apacible Korosko de Conan Doyle. Hasta que el integrismo ubica su terror dentro de la tranquilidad solo aparente del vapor hogareño. Ese terror comenzó en el siglo XIX, cuando Europa (y luego lo harían los Estados Unidos, como bien predice la novela) sacudió al islam y su cultura en nombre de intereses políticos y económicos. Los mismos de hoy. Se me hace lógico que mientras estos existan, habrá tragedia del Korosko para rato.