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Mundo
martes 14 de febrero de 2017, 01:00

Estado de Espíritu Santo vuelve a la normalidad

Espíritu Santo, el estado brasileño en que una huelga de policías provocó una ola inusual de violencia que dejó al menos 146 muertos, comenzó a regresar ayer a la normalidad tras diez días de paralización de los uniformados.

Con el Ejército patrullando las calles y parte de los policías de regreso a sus labores, escuelas y universidades volvieron a abrir sus puertas este lunes tras haber cerrado toda la semana pasada, así como los comercios, los bancos y los puestos públicos de salud, confirmó hoy la Gobernación de este estado del sudeste de Brasil.

Igualmente volvieron a circular normalmente los autobuses públicos, un servicio que había sido totalmente suspendido algunos días y parcialmente la mayor parte de la última semana.

La llegada a Espíritu Santo de 3.000 integrantes de las Fuerzas Armadas y de la Fuerza Nacional de Seguridad Pública permitió reducir la ola de violencia y tranquilizar a la población.

De la misma forma, unos 1.200 de los 3.500 policías que estaban en huelga volvieron a patrullar las calles en los últimos dos días gracias a un acuerdo parcial que suscribieron con la Gobernación en la noche del viernes en las negociaciones para un reajuste salarial y mejorías en las condiciones de trabajo.

Según estadísticas del sindicato de agentes de la Policía Civil aún no reconocidas por la gobernación regional, en diez días de huelga policial se registraron 146 homicidios, un número varias veces superior al de todo enero.

Pero mientras que en los primeros días de la huelga llegaron a registrarse hasta 40 homicidios diarios, con la llegada de los refuerzos ese número cayó para cerca de 4 diarios el último fin de semana.

Pese a que algunos policías volvieron a trabajar, gran parte permanecía de brazos cruzados con el argumento de que las puertas de los cuarteles siguen bloqueadas.

Como los policías en Brasil tienen estatus militar y están prohibidos de hacer huelga, las paralizaciones fueron organizadas por sus familiares, que bloquearon las puertas de los cuarteles. efe