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Opinión
domingo 24 de julio de 2016, 01:00

Eso que llamamos amor

Por Arnaldo Alegre
Por Arnaldo Alegre

El amor suele ser una tragedia para los que sufren sus embates y una comedia para los que se ponen a prudente distancia de sus esquirlas y ven el show con amorosa paciencia y ánimo asistencial.

Las palabras definen conceptos. Ellas se apropian de lo designado para explicarlo, para reducirlo a un elemento entendible que facilite el razonamiento.

Y ahí está la primera trampa. El amor es un concepto tan laxo que su aplicación práctica presenta un inconveniente desde los albores de los tiempos. Si no sabemos bien cómo llamarlo, cómo vamos a entenderlo.

Hay dos definiciones básicas: 1) Sentimiento de vivo afecto e inclinación hacia una persona o cosa a la que se le desea todo lo bueno; y 2) Sentimiento de intensa atracción emocional y sexual hacia una persona con la que se desea compartir una vida en común.

Como se ve, nuestro cerebro debe, si es que este alguna vez se prende en semejante circunstancia, tener sutileza para decodificar un concepto vago y ambivalente, sobre todo en la segunda acepción. No necesariamente lo que se ama y genera placer sexual-afectivo tiene como meta ineludible la vida en común. A veces, al revés, es más prudente resignar algo del elemento erótico-sentimental para compensarlo con una apacible vida en común. Hay menos cosas que alardear, pero se vive más años.

Parece ser que la experiencia personal es lo que realmente define el amor. En síntesis, cada uno sabe dónde rascarse. Pero cómo llegamos a semejante claridad para capturar un concepto tan difuso y tramposo: con educación sentimental.

Y es justamente lo que falta en un mundo tan hiperconectado y expuesto como el presente. Antes la distancia curaba todos los males de amor o al menos lo hacía más soportable. Ahora esa distancia es casi imposible. El WhatsApp, el Facebook, el celular y cuanto artilugio técnico, aliados en momentos fáciles, son cadenas en momentos duros. Y quién nos enseña cómo tratar el amor o cómo disfrutarlo mejor: nadie. Para la sociedad es suficiente enseñarnos a leer, sumar y restar. Si querés entender tus sentimientos y aprender a disfrutarlo, jodete, gozá, sufrí y con suerte, vas a aprender para tu otra vida.

El amor es una experiencia química que libera oxitocina, dopamina y noradrenalina. Los psicólogos dicen que lo que realmente te gusta simplemente te gusta y lo sabés en un primer instante. Después se entra en una meseta y allí hay que pelearla.

Lo demás es verso.