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Opinión
viernes 31 de marzo de 2017, 02:00

Enmienda sin enmendados

Carolina Cuenca
Por Carolina Cuenca

No quiero crispar los ánimos al tocar de nuevo el tema de la enmienda. Pero, para descanso sicoespiritual propio y ajeno, aclaro que no lo hago con el afán de descubrir cuál de los contrincantes es el demonio, sino con el deseo de aprovechar este contexto político (léase relacionado con el bien común de los ciudadanos) para reflexionar desde una perspectiva educativa.

¿Por qué no aprovechar la imposición monotemática que nos hacen con este acontecimiento de desorden y de abusos generados en el mismo Parlamento para hacer prevalecer la propia postura a favor o en contra de la enmienda constitucional?

Humanicemos nosotros la discusión. Para eso partamos del libre uso de la inteligencia y de la voluntad para llegar a la contemplación de la verdad. Este es el camino dialogante de la sabiduría. El resto es la parafernalia bulliciosa y fea del barbarismo que relativiza lo esencial (la cordura, la virtud, el bien común) y absolutiza lo que es relativo (el cómo, por cuánto tiempo, etc.).

La discusión de fondo no debería ser si es lícito enmendar un contrato social, sino cuál es el fin, y, por tanto, la motivación que nos mueve. Si el fin es el bien común, debe seguir el camino ordenado del respeto a las personas y a la ley. Porque esto es lo que nos saca de la barbarie disfrazada de modernidad y nos introduce en la vía clásica de la civilización, la cual siempre tiene y respeta un orden en la verdad. En las circunstancias de nuestra vida nos descubrimos hombres o bestias y es triste ver la decadencia de las actitudes que surgen de la emotividad sin guía de la razón y de la conciencia. ¿Quién despierta hoy nuestra conciencia? ¿Dónde están los verdaderos guías?

Todos queremos un buen gobierno para disfrutar de una vida pacífica y feliz. Este es un tema político, pero también educativo. O sea, no son ni los señores Cartes ni Lugo los que van a dárnoslo sin esfuerzo de nuestra parte, tampoco el poder de la prensa. Tenemos que ser capaces de retomar nuestro protagonismo y perfilarles nosotros a ellos lo que queremos de verdad, lo que para nosotros es innegociable: nuestra vida, nuestra familia, nuestra propiedad, nuestros valores.

Como dice la letra de la canción de U2, Ordinary love: "¿Somos suficientemente fuertes para el amor ordinario, cotidiano, común? Y no podemos llegar más alto, si no podemos procesar este amor". Es decir, si los paraguayos queremos más virtud (lealtad, responsabilidad) en nuestros gobernantes en general, nosotros en particular tenemos que volver a apreciar a tal punto la virtud, que esta sea un factor determinante a la hora de elegir y de desechar opciones. ¿Estamos haciendo eso?

Enmendar es corregir, pulir, enderezar y esto ko nosotros mante debemos hacer para que luego no nos quejemos de que haya chanchos en el chiquero.