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lunes 10 de julio de 2017, 01:00

Encontrar a Cristo en la Iglesia

Hoy meditamos el evangelio según San Mateo. Todos buscan a Jesús. Todos lo necesitan, y Él siempre está dispuesto a compadecerse de cuantos se le acercan con fe. Su Humanidad Santísima era como el canal por el que discurrían todas las gracias, mientras permaneciera entre los hombres. Por eso, toda la multitud intentaba tocarle, porque salía de Él una fuerza que sanaba a todos.

Las personas que llegan de todas partes encuentran en Jesús a alguien que, con autoridad, les habla de Dios –Él mismo es la Palabra divina hecha carne–: encuentran a Jesús Maestro. Y ahora quedamos vinculados a Él cuando aceptamos la doctrina de la Iglesia: El que a vosotros oye, a Mí me oye, y el que a vosotros desecha, a Mí me desecha. El Papa sobre el evangelio de hoy dijo: “Jesús decía que quien tenga fe como un grano de mostaza puede mover montañas. “Esta fe nos pide dos actitudes: confesar y confiar”. Sobre todo confesar.

Me atrevo a decir que el termómetro de la vida de la Iglesia está un poco bajo en esto: hay poca capacidad de adorar, no tenemos mucha, algunos sí... porque en la confesión de la fe no estamos convencidos o estamos convencidos a mitad. La primera actitud es confesar la fe y guardarla, la otra es confiarse.

El hombre o la mujer que tiene fe confía en Dios: ¡confía! Pablo, en un momento oscuro de su vida, decía: 'Yo sé bien de quien me he fiado' ¡De Dios! ¡Del Señor Jesús! Confiar: y esto nos lleva a la esperanza. Hay cristianos con una esperanza aguada, no fuerte: una esperanza débil. Porque no tiene la fuerza y la valentía para confiarse al Señor. Pero si nosotros creemos confesando la fe, también guardándola, haciendo custodia de la fe y confiando en Dios, en el Señor, seremos cristianos vencedores. Es la victoria que ha vencido al mundo: ¡nuestra fe!·”.

(Del libro Hablar con Dios)