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miércoles 2 de noviembre de 2016, 01:00

En noviembre lo nombrará cardenal

Deseo rendir un homenaje a los compañeros sacerdotes que antes en los países del Este ruso y ahora por los fanáticos del ISIS o narcos han sido asesinados. Y junto a ellos a los centenares de laicos cristianos que los acompañaron en el martirio.

El padre Ernest Simoni (88 años), en Albania, antes de ordenarse sacerdote, estudió con los franciscanos desde 1938 hasta 1948, pero cuando sus superiores fueron fusilados, debió seguir sus estudios clandestinamente. El 7 de abril de 1956 fue ordenado sacerdote.

El 24 de diciembre de 1963, al concluir la misa, cuatro oficiales le presentaron el decreto de arresto y fusilamiento; fue esposado y detenido. En el interrogatorio le dijeron que sería ahorcado como un enemigo, porque dijo al pueblo “que moriremos todos por Cristo de ser necesario”.

Las torturas lo dejaron en muy mal estado. “El Señor quiso que yo continuara viviendo”.

“Siempre respondía que Cristo nos había enseñado a amar a los enemigos y a perdonarlos y que nosotros debíamos empeñarnos en el bien del pueblo. Esas palabras mías llegaron a los oídos del dictador que, al cabo de algunos días, me liberó de la condena a muerte”, explicó el P. Simoni.

Los comunistas cambiaron su condena a muerte por 28 años de trabajos forzados. “He trabajado en los canales de aguas negras y durante el periodo de prisión he celebrado la misa, he confesado y distribuido la comunión a escondidas”.

Ernest Simoni fue liberado solo cuando cayó el régimen comunista.

En el 2014 el papa Francisco visitó Albania y tuvo una emocionante entrevista con él.

“Santidad, ruego por la intercesión de la Santísima Madre de Cristo, que el Señor le dé salud y fuerza en la guía de la Iglesia de Cristo, amén”, le dijo el P. Simoni antes de estrechar al Papa en un abrazo que hizo llorar al Pontífice y a los presentes.