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sábado 16 de julio de 2016, 01:00

En las cunetas de la vida

Hay demasiadas personas arrojadas a las cunetas de la vida. Numéricamente son en Paraguay más de dos millones de ciudadanos. Pero aún más doloroso que el gran número nos preocupa, duele, nos quita el sueño y nos irrita con dolor, es lo que eso significa, “quienes” son los que están en lugares tan “incómodos” , qué hacemos por ellos los “otros” y el saber si esto no va a desaparecer “nunca”.

Comencemos desde lo más abajo. Desde los que están peor, subiendo hacia los que están un poco menos peor.

Institucionalmente son los indígenas, los campesinos sin tierra, (sigamos subiendo) los que viven en asentamientos y bañados, los sin trabajo sean quien sean, los enfermos y los drogadictos, los desahuciados, los ancianos, los explotados que no llegan al salario mínimo. Luego, vienen los que comienzan a “vivir”.

Si analizamos estos más de dos millones en un país de seis y medio, nos vemos ante un dilema inmenso. O tenemos compasión y es difícil vivir cerca de tanto dolor o nos olvidamos de ellos egoístamente y somos culpables por omisión.

Estos días han lanzado a la cuneta de la vida mediante unas sentencias injustas a siete compañeros inocentes campesinos de Curuguaty en Marina Cué.

Todo el proceso estuvo plagado de irregularidades. Un juez investigado por coima que absolvió a un narco.

Un fiscal, Jalil Rachid, que investiga solamente una parte de la causa, que pierde o hace desaparecer pruebas a favor de los campesinos, que miente descaradamente. El día de declarar la sentencia el juez lo hace faltando una de las acusadas, que se había sentido descompensada.

Pero lo más grave, en estos compañeros arrojados a la cuneta de la vida, son las consecuencias de estas irregularidades: el que siendo inocentes todos ellos hayan sido condenados a las mayores penas. Cada día hay más personas rotas de dolor por esta injusticia.