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lunes 25 de julio de 2016, 01:00

En Emboscada, con baile de guaicurúes honran al santo

Por Carlos Elbo Morales

carlos-morales@uohora.com.py

Muchos fueron por la tradición o seguir pagando una promesa. Varios fueron por otro motivo: para disfrutar del espectáculo que trae la celebración a San Francisco Solano, el baile de los guaicurúes que se repitió una vez más ayer, en el espléndido domingo.

El clima acompañó y como no ocurría hace tiempo, la gente se dio cita en gran número para la tradicional fiesta patronal. Entre los aproximadamente 7.000 asistentes que fueron a expresar su fe al santo de 35 centímetros de altura, estaba Alejandra Gómez con su hijito de dos años, Jordán Francisco, quien llevaba puesto una capa de plumas. Alejandra, devota del santo al igual que su familia, cuenta que se encomendó al santo justamente porque se preveía un parto difícil. Superada la situación, decidió pagar la promesa con su hijo durante siete años. Mabel González y Liz Rocío Almada también fueron con sus hijos para pagar las promesas hechas por la salud de sus pequeños, quienes iban vestidos con plumas.

Varias personas valoraron el hecho de que esta tradición siga en pie, pese a no ser promocionada por la Senatur como lo es Tañarandy, por citar un ejemplo.

Quien sí pagó una deuda de estar ahí fue María Blanca Sanabria, llegada desde San Lorenzo. Contó que siempre escuchaba la descripción de la tradición, pero que por fin pudo ir con su familia. “Me parece espectacular. Espero venir todos los años”, expresó con regocijo.

No solo hubo misa y luego la procesión. Atrás, la romería esperaba con puestos de ventas de juguetes y comidas, calesita y juegos de azar, en busca del milagro económico.

Tenida. El disfraz de los guaicurúes se roba la atención de los visitantes. El plumaje es complementado por lo utilizado para cubrir el rostro. Las máscaras son diversas y varios la improvisan usando pañoletas o remeras pintadas. Durante el frenético baile frente al altar al compás de ritmos folclóricos con el acordeón u organillo, las plumas se desprenden de las ropas adornando el piso. Quedan ahí tres meses de trabajo. Según cuentan los que saben de esto, la pluma de gallo es mejor para este menester, por ser más resistente y vistosa. Para cubrir una camisa y un pantalón completamente, es necesario el pelaje de por lo menos seis animales. Algunos extranjeros que quieren la vestimenta, han logrado conseguirla por G. 300.000. Una vez acabado el espectáculo, los emplumados bailarines tendrán sus minutos de estrellato con los pedidos de fotos. Al acabar la euforia volverá la normalidad y la vuelta al hogar. El traje se guardará hasta el próximo año donde tradición y religión van de la mano.