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miércoles 20 de julio de 2016, 01:00

“En el penal, 90% del tiempo adentro estamos de balde, no mejoramos nada”

Por Iván Lisboa

“En la cárcel (para menores) es pura ociosidad, estás siempre al pedo. Cuando querés ir, vas a estudiar. Si amanecés mal, no te vas y ya. El 90% del tiempo adentro, por no decir más, estamos de balde, sin mejorar en nada”. Esto es solo parte del relato de Joaquín, quien estuvo un año dentro del Centro Educativo de Itauguá, cumpliendo condena por intento de homicidio.

Ya rehabilitado, gracias a la formación que recibió en un hogar intermedio, hace una pausa en sus labores diarias y recuerda lo largos que se ponían los días detrás de los barrotes. “Estábamos entre 30 ñatos en una pieza de 4x4, peleando por un colchón, por respeto. En vez de estar estudiando o aprendiendo un oficio para que al salir podamos ser alguien preparado”, comenta.

Según las Reglas de las Naciones Unidas para la Protección de los Menores Privados de Libertad, todo menor en edad de escolaridad obligatoria tendrá derecho a recibir una enseñanza adaptada a sus necesidades. El Código de la Niñez y la Adolescencia, por su parte, estipula que la escolarización y la capacitación profesional deben ser obligatorias en los centros de reclusión.

Sin embargo, el estudio del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNP), denominado Abriendo puertas al encierro, indica que el 52% de los menores que están privados de su libertad no estudiaban antes de ingresar a un reformatorio. Ya adentro, solo el 18% estudia entre 16 y 20 horas semanales y apenas el 3% estudia de 21 a 25 horas (ver infografía).

Estos datos están directamente relacionados al número de reincidencias, ya sea todavía como menores o ya cuando sobrepasaron los 18 años de edad. En los centros de reclusión para menores, un 17% es reincidente y hay algunos casos en que los adolescentes ya reingresaron cuatro y hasta cinco veces.

DEBILIDAD. Para Dante Leguizamón, comisionado del MNP, esta falta de escolarización para que los jóvenes puedan reinsertarse efectivamente a la sociedad, sumada al contexto social y a la desigualdad en su entorno cercano, hace que los menores vuelvan a infringir la ley.

“Poniendo un ejemplo. En el Centro Educativo de Itauguá, solo el 20% hace algún oficio, como panadería o carpintería. Entonces el otro 80% ¿qué puede hacer al salir si no aprendió nada adentro? Esto, sumado a la situación de maltrato, hace más vulnerable al chico al salir”, expresó.

En ese sentido, Andrea Cid, oficial de Protección de la Unicef, remarcó que falta una actualización y una reforma profunda del sistema educativo.

“Había casos en que el chico salía y lo primero que hacía era robar para tener plata y pagar su pasaje para volver a su casa. No tenía otra opción. Pero qué pasa cuando ni siquiera tiene familia, es tomado de vuelta por la calle, pandillas, la delincuencia. Por eso es importante recordar que lo que se busca no es una sanción penal, sino poder darle una nueva alternativa al adolescente para un proceso de reeducación”, enfatizó.

MALTRATO. Pero además de la poca escolarización, un gran porcentaje de los menores recluidos aseguraron ser víctimas de maltratos y/o tortura durante la aprehensión y durante el encierro.

El 66,3% de los jóvenes entrevistados por el MNP dijo haber recibido maltrato físico cuando fueron aprehendidos, casi en la totalidad por policías. En los centros, el 34% afirmó haber recibido castigo físico.

Para el MNP, las condiciones de vida humillantes y el sometimiento a la tortura y maltratos refuerzan la exigencia de abordar esta problemática de manera integral por parte de las instituciones responsables del diseño, la elaboración, la implementación y la evaluación de políticas públicas.

En el marco de la Semana de la Justicia Restaurativa, realizada días atrás, el Ministerio de Justicia informó que estuvo recorriendo los centros para menores y debatiendo las problemáticas.

ÚH intentó en reiteradas ocasiones hablar con las autoridades del Servicio Nacional de Atención al Adolescente Infractor (Senaai), pero no respondieron a nuestras consultas.

SUEÑO. Gracias al hogar intermedio, hoy Joaquín ya pudo culminar sus estudios secundarios y hasta hizo cursos de computación.

Sueña con ser abogado y defender a los jóvenes desamparados, que como él se ven envueltos en una maraña de líos penales, familiares y educativos que les impiden reinsertarse socialmente.