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Opinión
domingo 29 de enero de 2017, 01:00

Emoticópatas

Por Luis Bareiro
Por Luis Bareiro

Luis Canillas, asesor jurídico de Yacyretá, correligionario e íntimo de Horacio Cartes, se enteró accidentalmente –según sus propias declaraciones– de un presunto plan para asesinar al presidente de la República, una conspiración urdida nada menos que por una senadora de la oposición, Desirée Masi, y el mismísimo presidente del Congreso, el senador Roberto Acevedo, en un chat privado del WhatsApp.

De acuerdo con la prueba que presentó Canillas (una impresión de pantalla de un celular), para perpetrar el magnicidio se habló de contratar un sicario, uno de medio pelo, para ser más precisos; aunque Acevedo señaló en la supuesta charla virtual que sería mejor apelar a otra cosa, algo que puede ser una bomba o un chisme o fuegos artificiales o lo que sea, porque en el mensaje utilizó emoticones, esos dibujitos que se emplean en las comunicaciones electrónicas.

Canillas dijo que como nunca participó de la elaboración de un plan homicida desconoce cómo se orquesta uno, por lo que el chateo legislativo le pareció lo suficientemente grave como para comunicárselo de inmediato al presidente de la República, apenas regresara de sus vacaciones (de las suyas, no las del presidente).

Así, Cartes se enteró de que pretendían matarlo contratando un sicario de medio pelo un mes y medio después de que el asunto llegara a conocimiento de su amigo y correligionario Canillas.

Convengamos en que si Kennedy, Argaña o Lincoln tenían amigos avispados como Canillas, es muy probable que se hubieran enterado del atentado que se estaba perpetrando en su contra varios días después de su ejecución.

Lo cierto es que ahora el problema lo tiene el Ministerio Público que recibió la denuncia. En el chateo, la senadora dice estar harta de la situación (se entiende que de la situación política) y le pregunta a su colega cuánto cuesta un sicario, uno de medio pelo, a lo que el hombre responde con los consabidos emoticones. Canillas agregó que Acevedo seguro conoce a sicarios porque como vive en Pedro Juan Caballero cuanto menos debe tener alguno de vecino.

Como ven, la seriedad de la denuncia es indiscutible. Solo resulta complicado encontrar la tipificación correcta para el uso sedicioso de los emoticones

¿Una persona que orquesta un plan magnicida en un chat privado utilizando emoticones es un emoticida, un emotichorro o un emoticópata? ¿Si Massi preguntaba cuánto cuestan un tenedor y un cuchillo, podía ser sospechosa de antropofagia?

¿En qué parte del Código Penal figuran los emoticones?

Alguien me preguntó qué hubiera pasado si quien consultaba el precio de un sicario fuera Cartes. Lo mismo. Lo estarían denunciando ante la fiscalía por querer matar legisladores o volar el Congreso.

Porque este es el nivel de nuestra discusión política y el orden de prioridades del Estado. Por eso tenemos 300 policías custodiando al peligroso Payo Cubas y su esfínter justiciero mientras el EPP humilla a colonos en el Norte y los motochorros se adelantan al fisco quedándose con lo poco que nos queda en los bolsillos. Cerraría con un emoticón expresivo, pero Canillas puede estar leyendo.