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Mundo
sábado 4 de febrero de 2017, 12:39

El volcán Turrialba cubre de ceniza su entorno

San José, 4 feb (EFE).- Tras poco más de dos años de actividad constante, los verdes paisajes que rodeaban las faldas del volcán Turrialba en Costa Rica han dado paso al gris de la ceniza, a los árboles muertos y al abandono de las pocas casas que por allí se hallaban.

En un recorrido de Efe por la zona fue posible apreciar el panorama desolado de las faldas del coloso, especialmente su flanco suroeste, desde donde también se escuchan los estruendosos ruidos a lo interno del volcán y el fuerte olor a gases.

Algunas casas y fincas de ganado lechero tuvieron que ser abandonadas en la comunidad de La Silvia por los escasos pobladores que allí habitaban, debido a que es imposible permanecer.

En un día sin actividad de ceniza y cuando las autoridades desactivan el anillo de cinco kilómetros de restricción de paso, turistas y curiosos suelen ingresar a las cercanías del Turrialba para ver de cerca la afectación causada por las erupciones.

Capas de ceniza cubren el suelo, han contaminado algunos riachuelos y junto a los gases ha dejado muerta mucha de la vegetación.

Cosa diferente sucede al sureste del coloso, en la localidad de Turrialba, donde la ceniza no cae gracias a la dirección de los vientos y donde abundan los sitios turísticos que en los últimos años han promovido el atractivo que supone la actividad volcánica.

Desde octubre de 2014 el volcán Turrialba, situado en la provincia de Cartago (centro), a unos 70 kilómetros de San José, entró en una fase activa constante con potentes erupciones de ceniza que interactúan con momentos de relativa pasividad y expulsión continua de gases.

"Los costarricenses tenemos que aprender a vivir con el volcán", dijo recientemente a Efe el presidente de la Comisión Nacional de Emergencias (CNE), Iván Brenes, luego de una de las tantas erupciones del coloso.

El Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori) ha insistido en que las erupciones son impredecibles, por lo que los costarricenses deben mantenerse siempre alerta y atender las recomendaciones de los expertos.

Y es que el año pasado se presentaron las erupciones más potentes que alcanzaron hasta lo 4.000 metros sobre el cráter (ubicado a 3.340 metros de altura) y cuya ceniza llegó en abundancia a las principales ciudades en el centro del país: la capital San José, Heredia, Alajuela y Cartago.

La ceniza ha obligado en varias ocasiones a cerrar el aeropuerto Juan Santamaría, el más importante de Costa Rica, y en ocasiones, aunque se mantenga en operación, diversas aerolíneas, principalmente estadounidenses, han decidido cancelar vuelos por precaución.

En lo que va de 2017 el volcán se ha mantenido con actividad constante de gases y con esporádicas expulsiones de ceniza de unos 500 metros sobre el cráter, que no han generado mayor afectación pero sí que hacen perceptible la presencia de la ceniza en el ambiente de la capital costarricense.

Después de algunas semanas de actividad mínima, las autoridades activaron hoy de nuevo el anillo de seguridad de cinco kilómetro alrededor del volcán y evacuaron a los guarda parques, como medida de prevención ante la presencia de un fuerte sonido de descompresión parecido al de la turbina de un avión.