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Opinión
sábado 31 de diciembre de 2016, 02:00

El veto analizado desde lo obvio

Alfredo Boccia Paz – galiboc@tigo.com.py
Por Alfredo Boccia Paz

Si ni los economistas tienen todavía una idea clara sobre las consecuencias que traerá el veto al Presupuesto General de Gastos, no seré yo quien me atreva a explicar una cuestión tan técnica e inédita. Eso no me priva de hacer algunas reflexiones desde el sentido común. Porque lo concreto es que enfrentaremos el 2017 con el presupuesto del año anterior, el cual –bueno es recordarlo– fue diseñado en los últimos meses del 2015.

Esto significa que miles de horas/hombre de cálculos y centenares de reuniones iniciadas en las más remotas oficinas de las entidades públicas hasta llegar a los departamentos administrativos de cada ministerio fueron tirados al basurero. Lo mismo sucedió con los recortes y planificaciones del Ministerio de Hacienda, a su vez modificados en maratónicas sesiones por la Comisión Bilateral del Parlamento. Todo pasó al olvido. En estos días todos los ministros están desempolvando su viejo presupuesto para ver qué se puede rescatar de esas antiguas cifras.

Apuntar al futuro con cuentas del pasado es un dolor de cabeza para cualquier despensa de barrio. Cuando se trata de un país, es un problema de dimensiones saharianas. Quedan vigentes partidas presupuestarias para obras ya ejecutadas y se verán paralizadas otras ya iniciadas. Muchas instituciones quedan sin matriz salarial. También quedan sin efecto los aumentos salariales para docentes, personal de blanco y funcionarios de varios entes públicos. Habrá una formidable confusión en los nombramientos, creaciones de nuevos cargos, compras de equipos e insumos y eliminación de gastos superfluos como los aguinaldos extras y gratificaciones indebidas.

Veremos gente protestando en las calles en las próximas semanas. Y a mediano plazo, las perspectivas no serán mejores. Es que a nivel externo es imposible cuantificar el daño que ya se ha producido a la imagen de estabilidad macroeconómica que proyectaba Paraguay. Un solo ejemplo: el Gobierno sostiene que con el veto está habilitado a utilizar los más de 600 millones de dólares en bonos soberanos que disponía en 2016. Pero ya hay senadores que advierten que eso sería irregular. Es lógico pensar que los inversores extranjeros tendrán un soberano cuidado de no quedarse con bonos de valor dudoso.

Es cierto que el Ejecutivo podrá solicitar ampliaciones y modificaciones del presupuesto al Parlamento. Tendrá que hacerlo a cada rato y esa es una de las negociaciones en las que este Gobierno se ha mostrado menos hábil. Será, además, un terreno fértil para la extorsión política en un año cargado de electoralismo. No hace falta ser economista para adivinar que el 2017 será muy complicado. Repartir las culpas a esta altura tiene poco sentido. La irresponsabilidad está en ambos lados. Aunque no está de más recordar que todo empezó a joderse con la obsesión por la reelección.