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miércoles 2 de agosto de 2017, 01:00

El tesoro de la perla preciosa

Hoy meditamos el Evangelio según San Mateo 13, 44-46. El descubrimiento de los planes divinos proporciona al alma la clave para descifrar el propio pasado. En ese momento encajan las piezas de lo que hasta ahora era como un rompecabezas: por qué conocimos a aquella determinada persona, las ayudas especiales que experimentamos en un determinado momento... La vocación también proyecta su luz sobre la vida futura, que se ve plena de sentido.

El papa Francisco, a propósito del Evangelio, de hoy dijo: “¿Qué tesoro es tan valioso para vender todo lo que se tiene? ¿Qué merece desprenderse de cuanto se posee para conseguir otro bien? ¿Qué hallazgo puede producir inmensa alegría?”.

“No cabe la menor duda que lo que encontró el hombre tiene un valor inestimable, inmedible, y lo más grande en valor, es el Reino de Dios, y por él se puede renunciar a todo, y esta sería la mejor decisión tomada”.

“Quien encuentra un tesoro como este, el Reino de los Cielos, debe dejarlo todo por él, y renunciar con alegría a lo que tiene terrenalmente, pues es indudable que no podemos comparar los bienes terrestres con la posesión de Dios, ‘ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al dinero’ (Mt 6-24)”.

Jesús también nos agrega la parábola del comerciante de perlas. Ambas parábolas nos muestran que merece mucho la pena hacer un gran esfuerzo por conseguir algo muy valioso, como el Evangelio, como el amor de Cristo, como el Reino de Dios, con fe, veremos que la valoración de la posesión de Dios, que es el tesoro del que nos habla Jesús, no puede tener ninguna comparación.

“El tesoro y la perla valen más que los otros bienes, y por tanto, el campesino y el comerciante, cuando los encuentran, renuncian a todo lo demás para poder conseguirlos. No necesitan hacer razonamientos, pensar, reflexionar: se dan cuenta enseguida del valor incomparable de lo que han encontrado, y están dispuestos a perder todo para tenerlo”.

“Así es el Reino de Dios: quien lo encuentra no tiene dudas, siente que es lo que buscaba, que esperaba y que responde a sus aspiraciones más auténticas…”.

(Del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal y ttp://es.catholic.net)