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Mundo
domingo 31 de julio de 2016, 11:42

El tango y Gardel invaden las paredes de Buenos Aires en un mural a ritmo de 2x4

Buenos Aires, 31 jul (EFE).- El bandoneón, la tradicional milonga, Carlos Gardel, la pasión en el tango y su vínculo con las carreras de caballos componen un mural que ha trasladado el ritmo del 2x4 hasta las mismas paredes de Buenos Aires. Un homenaje producto de los aerosoles del artista argentino Alfredo Segatori.

Y el homenaje es literal, ya que la obra se alza sobre cuatro muros situados bajo dos puentes de Libertador, una de las avenidas de mayor circulación de la capital argentina.

Un particular 2x4 titulado "Por Una Cabeza", como una de las canciones clásicas del mítico y eterno Carlos Gardel en la que el compositor y cantante de tango abordó el fanatismo que generan entre los argentinos las carreras de caballos, a las que él mismo era aficionado.

"Por una cabeza de un noble potrillo que justo en la raya, afloja al llegar. Y que al regresar, parece decir: 'No olvides, hermano, vos sabés, no hay que jugar'", rezaba la letra. Esta expresión se utiliza en la jerga hípica cuando los caballos terminan las carreras al límite, de forma muy igualada, y se utiliza su propia cabeza como medida.

Las pasiones que despertaban y continúan despertando estas competiciones en el país las aborda también el muralista Segatori, más conocido como "El Pelado" (nombre con el que firma sus trabajos), al pintar a los caballos corriendo, los "apostadores" y la tribuna del público en una obra que, además, está situada al lado del hipódromo de la capital argentina.

La idea surgió como una propuesta del Gobierno de la ciudad al ver un trabajo que ya había realizado el artista en una de esas mismas paredes acerca del jinete Irineo Leguisamo y Gardel, cuyo sonriente rostro destaca también en esta última creación.

"Quisieron poner en valor el mural, institucionalizarlo", señala Segatori antes de destacar que pese a que ya había homenajeado al 2x4 en otras ocasiones, nunca se había hecho sobre cuatro paredes en simultáneo, con un hilo conductor, jugando con las perspectivas y la "poliangularidad".

Esto le ha ayudado a él a plasmar la danza popular argentina de diferentes maneras en una misma obra. Así, al muro en el que se alza la pintura de un bandoneonista entregado a su música se suma uno que refleja "la pasión" de dos bailarines jóvenes y otro que muestra la veteranía de dos personas mayores fundidas en un tierno abrazo dentro de una milonga.

La energía frente a la delicadeza. El frenesí frente al afecto. La osadía frente a la experiencia. Dos miradas muy diferentes que relatan a la perfección la evolución del tango. Y de la vida.

A sus 46 años, "El Pelado" se sube cada día con la misma energía a su inseparable furgoneta, pintada por todas partes y repleta de utensilios, detalles y curiosidades, en la que le es imposible pasar desapercibido.

A finales de 2014 consiguió hacerse con el récord Guinness del mural más grande del mundo pintado por un solo artista con una obra de más de 2.000 metros cuadrados de extensión ubicada en el humilde barrio porteño de Barracas.

Con él se ganó además a todos los vecinos -algunos incluso aparecen en la misma obra- de una zona que desde entonces se ha convertido en un auténtico atractivo turístico.

Ahora, la localización de la obra es radicalmente distinta y aunque admite que cuando empezó a pintar, hace 20 años, no se veía plasmando sus ideas en tantos lugares de la ciudad (y del mundo), cree que la vida "fue eligiendo ese camino" para él y ahora, afortunadamente, puede dedicarse a ello al cien por cien.

Cuando Segatori arrancó, el arte callejero estaba más vinculado a los "tags", a las firmas de los grafiteros, a una forma de identificarse como parte de una "cultura".

Ahora, cree que ha evolucionado y, por tanto, tiene que defenderse desde los propios Gobiernos. Estos, a su juicio, "deben tomar cartas en el asunto" y reconocer un trabajo en el que "hay que poner el físico".

"Es importante que se contemple esa situación y se trate en todas las instancias", dice antes de reclamar medidas que establezcan que el artista pueda recibir viáticos o "lo correspondiente" a su obra. "Que se valore", insiste.

Él sabe bien de lo que habla porque no se ve haciendo otra cosa. "Es una forma de vivir para mí. Es mi manera de comunicarme con el entorno, de poner mi cuota para la sociedad, mi humilde colaboración sin demasiadas pretensiones", agrega con su sonrisa imperturbable.

Irene Valiente