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Opinión
domingo 12 de febrero de 2017, 01:00

El subdesarrollo, un problema cultural

Alberto Acosta Garbarino Presidente de Dende
Por Alberto Acosta Garbarino

La semana pasada ha sido nuevamente de enorme crispación política, como consecuencia del interminable enfrentamiento sobre la reelección presidencial por la vía de la enmienda constitucional.

A fines del año pasado, este enfrentamiento nos llevó a que el Congreso aprobara un Presupuesto General de Gastos para el 2017 que fue vetado totalmente por el Poder Ejecutivo.

Nunca había ocurrido una situación similar en el pasado, y las opiniones sobre lo que era legalmente posible iban desde un extremo de que no podía hacerse nada hasta el otro extremo, de que podía hacerse todo.

Felizmente, la mayoría de los abogados estuvieron de acuerdo en que podía usarse el Presupuesto del 2016 para seguir ejecutando los gastos corrientes, pero sigue existiendo una gran discrepancia sobre la legalidad en la realización de nuevas inversiones y muy especialmente en la contratación de nuevas deudas.

A mi criterio, el uso de un Presupuesto de un año anterior es como una "rueda de auxilio" que permite que la administración pública no se paralice, pero es fundamental para la institucionalidad del país que se negocie un acuerdo político que solucione los puntos de discrepancia en el Presupuesto 2017.

En la medida en que más me informo y conozco el proceso de desarrollo que han tenido los países que hoy se llaman "desarrollados", veo que la economía a través del fomento de las inversiones y la política mediante la construcción de instituciones democráticas son muy importantes, pero como me decía esa gran educadora que fue Olga Blinder, la "cultura" es la base fundamental de todo, porque impregna tanto a la economía como a la política.

Cuando digo cultura me estoy refiriendo a las creencias fundamentales y a las costumbres que tienen las personas que viven en una sociedad. Estas son numerosas, pero en este corto artículo quiero referirme solamente a una: la capacidad de asociación.

La capacidad de asociación es mayor en la medida en que veo al otro que es diferente como mi complemento y no como mi enemigo; en la medida en que veo los temas que nos unen y no solo los que nos separan; y en la medida en que soy capaz de negociar acuerdos en beneficio mutuo.

A pesar de todas las imperfecciones que podemos encontrar en los países desarrollados, no podemos negar que en ellos existió una gran capacidad de asociación. Esa fue la visión que inspiró a los fundadores de los Estados Unidos y que hizo posible la construcción de un gran país uniendo a 50 estados, que mantienen autonomía en algunos temas, pero se han unido para otros.

Qué diferencia con América Latina, que a pesar de los grandes discursos de construir la patria latinoamericana, nos hemos enfrentado en numerosas guerras y nos hemos dividido en 20 países diferentes, todos relativamente pequeños y pobres.

Esta incapacidad de asociarnos, esta desconfianza creciente y este individualismo exacerbado son las principales causas de nuestro subdesarrollo.

Esta cultura imposibilita que negociemos acuerdos que solucionen nuestras diferencias, con lo cual la única salida es el enfrentamiento cada vez más violento.

Personalmente, considero que la política es la tarea más noble a la cual puede dedicarse un ser humano, porque trata de solucionar aquellos problemas que aquejan a toda la sociedad. Como decía un gran médico y también político alemán llamado Rudolf Virchow: "La política es la medicina en gran escala".

Estas reflexiones son para llamar la atención a nuestra clase política que se encuentra obsesionada con un solo tema que los enfrenta, mientras los otros problemas que deberían unirnos, como la pobreza, la enfermedad, la ignorancia y la inseguridad, son dejados de lado.

Parafraseando a Virchow, la política también es educadora en gran escala, porque los líderes con su comportamiento enseñan lo bueno y lo malo a la sociedad.

Recordemos que el subdesarrollo es consecuencia de un problema cultural.