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martes 20 de septiembre de 2016, 01:00

El silencio de María

Hoy meditamos el Evangelio según San Lucas 8, 19-21.

El recogimiento de María –donde ella penetra en los misterios divinos acerca de su hijo– es paralelo al de su discreción, «pues es condición indispensable para que las cosas puedan guardarse en el interior, y ponderarlas luego en el corazón, que haya silencio. El silencio es el clima que hace posible la profundidad del pensamiento.

La Virgen también guardó un discreto silencio durante los tres años de vida pública de Jesús. El Evangelio de la Misa narra una de estas ocasiones. Vino a verle su madre y algunos parientes y, al llegar a la puerta de la casa, no pudieron entrar por el gran número de gente que se agolpaba alrededor de su hijo. Le avisaron a Jesús que su madre estaba fuera y que deseaba verle. Entonces, según indica San Mateo, Jesús extendió la mano sobre los discípulos; San Marcos señala que Jesús, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, respondió: Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la palabra de Dios y la cumplen.

La Virgen no se desconcertó por la respuesta. Ella comprendió que era la mejor alabanza que podía dirigirle su hijo. Su vida de fe y de oración le llevó a entender que su hijo se refería muy particularmente a ella, pues nadie estuvo jamás más unido a Jesús que su madre.

El papa Francisco, a propósito del evangelio de hoy, dijo: “Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica». Por eso, para escuchar la palabra de Dios, la palabra de Jesús, basta abrir la Biblia, el Evangelio. Pero estas páginas no son leídas, son escuchadas. Escuchar la palabra de Dios es leer y decir: '¿pero a mí esto qué me dice, a mi corazón? ¿Qué me está diciendo a mí, con esta palabra? Y así nuestra vida cambia. Cada vez que hacemos esto es escuchar la palabra de Dios, escucharla con los oídos y escucharla con el corazón.

Dios no habla solo a todos: sí, habla para todos, pero habla a cada uno de nosotros. El Evangelio se ha escrito para cada uno de nosotros”.

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios Francisco Fernández Carvajal y http://es.catholic.net/op/articulos/6327/cat/331/quienes-son-mi-madre-y-mis-hermanos.html)