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Arte y Espectáculos
domingo 9 de octubre de 2016, 16:55

El secuestro: incongruente y superficial

El realizador paraguayo Hugo Cardozo estrenó en las salas de Asunción su primera película, la cual protagoniza y dirige. La comentamos a continuación.

Por José Biancotti | jbiancotti@uhora.com.py

Atención: se revelan detalles del argumento.

HJ es un joven de clase baja que sueña con cantar rap en público. Un día compra un televisor por G. 240.000 de una aparente casa de empeños porque tiene ganas de hacerlo (no hay una razón artística que mueva al protagonista a tomar esta decisión).

Ese mismo día, HJ busca calmar a una pareja que discute. El protagonista es un ser aparentemente bruto y entiende que solo a la fuerza puede conseguir lo que quiere, entonces golpea al agresor de la mujer ante una mínima provocación de su parte.

En ese instante, observa cómo un hombre roba su nuevo televisor. Rápidamente va hasta la casa del ladrón junto con un amigo y se produce un enfrentamiento. La Policía llega mágicamente y HJ termina en prisión (no sabemos por qué no va con su amigo).

HJ confronta a los internos tras su llegada y esto se desarrolla en una primera secuencia atiborrada de golpes y violencia innecesaria. Posteriormente conoce a un joven (Joel Balbuena) que le habla en tono de rap y, como siente que le habla en su idioma, Hj responde con una estrofa que habla sobre los efectos de vivir en la calle ilegalmente (se le ocurren rápidamente estas rimas de su reciente experiencia).

El recién llegado es hijo de un narcotraficante colombiano que está en la cárcel porque -extrañamente- esperaba que HJ llegara para salir de allí sobornando a las autoridades.

Al liberarse, convence a HJ de unirse a él con la frase: "en el mundo del artista todo es dinero". El protagonista acepta y se gasta el dinero del delito en motocicletas y demás cosas necesarias para hacer shows de cumbia (¿su sueño no era hacer rap en público?).

Existen otras numerosas irregularidades en la trama. Visualizar una hora y media de peleas saturantes y errores narrativos hacen que el público pierda interés por el cine paraguayo. Es el problema de esperar que los realizadores se dediquen a trabajar más en su historia y menos en el movimiento de sus drones y en tomas sin justificación.

Los personajes de El Secuestro son una caricatura de lo que el autor piensa sobre la realidad. Uno de ellos es un hombre cristiano que no puede tener hijos y provoca sufrimiento en su esposa por este motivo. Sin embargo, muy pronto logra embarazarla.

El hombre califica el hecho como "milagro de Dios" y partir de ese momento asegura que su cristianismo se fortaleció (pero no hace nada para salir de la delincuencia).

Cuando muere ahorcado de manera inverosímil, entendemos que fue creado para salvar al protagonista de los narcotraficantes y motivarlo a iniciar una relación diciéndole que "la chica que se hace la difícil es la que vale la pena". El perfil de este personaje se percibe superficial y por ello no se crea conexión con el espectador.

Este no es el único caso en donde nos percatamos de la carencia de profundidad, porque tampoco el personaje de Balbuena tiene un buen desarrollo psicológico, y ese es el motivo por el cual su participación no aporta emoción alguna hasta el final.

Este es un error que resalta por culpa de la introducción, en la que vemos al personaje en compañía de su padre, decidido a viajar al Paraguay. Por las características de esta presentación, el espectador puede pensar que el chico será significativo para la trama.

Pero en lugar de desarrollar un interior claroscuro e interesante, a lo largo de la historia termina relegado a un papel secundario que cae derrotado por su propia consciencia.

Otro punto cuestionable en esta película es el título El Secuestro, porque es un hecho secundario que sirve para que los personajes ajusten cuentas y regresen a la cárcel.

La ejecución del rescate también se percibe de manera irregular. Todo inicia cuando HJ se aleja de los delincuentes porque se siente alejado por la violencia en torno a las víctimas. Su huida impulsa a Balbuena a secuestrar a su novia para atraerlo. Y lo logra: Hj busca liberarla en un viaje grabado como un videojuego violento en tercera persona que no tiene intención estética alguna y se apoya nada más que en la tecnología.

(Como no hay un enfoque cercano a la acción del personaje, no se obtiene un retrato muy resaltante del rescate, lo cual es una lástima porque su actitud en ese momento es humana y destacable, y si lo hubieran retratado mejor se hubiera generado empatía entre público y protagonista. Esto es importante porque una de las características principales de un protagonista es su capacidad de despertar algo en el espectador).

En síntesis, la película reúne varios aspectos negativos y culmina con una sorpresiva moraleja, propia de una obra que busca comunicar algo de manera juvenil y explícita. El protagonista escribe una carta a su pareja y a su familia desde la cárcel. En ella reúne una buena cantidad de lugares comunes diciendo que aprendió el significado de la vida (a poco de vivirla). Además, incluye el mensaje inesperado de que Dios es la solución.

Quienes vayan a ver la película con intenciones de ver peleas hasta el hartazgo en una historia incongruente y con un mensaje de autoayuda, encontrarán lo que buscaban.

Pero quienes busquen un filme más interesante y menos pasajero, deberían ignorarla.

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