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Especiales
martes 15 de octubre de 2013, 18:27

El relojero de la Recova

Irónico: Llegamos tarde a nuestra cita con el relojero...Las avenidas principales de la ciudad de Asunción son el escenario de una superpoblación de automóviles vía Iquique, motocicletas y buses chatarra, excusas casi siempre válidas para el retraso.

Por Elías Piris | epiris@uhora.com.py | Twitter: @eliaspiris

Con media hora de atraso (quedamos para las 09:00 AM y llegamos a las 09:30), nos adentramos en un lugar donde el tiempo parece haberse detenido y no importa el caos, ni el humo, ni el ruido de una capital que crece desordenada y vertiginosamente.

Es que la residencia y taller de don Armando Balladares, conocido como "El Relojero", está ubicada en un sitio estratégico: La Recova, asentada sobre las calles Colón y Presidente Franco, justo frente al puerto de Asunción. Un sitio, casi sobra decirlo, lleno de historias.

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Un cartel que dice "Relojero" y una bandera de la Confederación Suiza nos indican que estamos donde queríamos, y a donde llegamos gracias al "boca en boca".

Si hablamos de relojería en Paraguay, el referente indiscutido es don Balladares, soporte técnico oficial en nuestro país de las más reconocidas marcas de relojes a nivel mundial.

Don Armando nos espera con la buena onda que lo caracteriza y la distintiva bata blanca de los relojeros. También su hijo Elías, quien al igual que el padre, abraza desde joven el noble oficio.

La luz del sol entra por las grandes ventanas del salón principal donde funciona el taller de reparaciones. Grandes lupas, accesorios, pulidoras, cuarzos y decenas de relojes de pared, nos hacen sentir en un universo paralelo. Nuestro entrevistado, en cambio,  hace que nos sintamos como en casa.

¿Cómo se inició en el oficio de la relojería?

Gracias a un acontecimiento que marcó mi vida: Corría la década del 70 ', imaginate, tiempos de pantalones de botamangas anchas y bicicletas. En aquella época, los chicos del barrio nos prestábamos el reloj para vernos presentables a la hora de visitar a las noviecitas. Ahora bien, cuando volvíamos de una fiesta, nos caímos de la bici e hicimos moco el reloj, y lo teníamos que devolver en perfecto estado. Nos planteamos cuál sería la solución, entonces lo desarmamos y comparamos con otro que funcionaba perfectamente, así comprobamos lo que estaba afectado...


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Foto: Sonia Delgado

¿Y lograron repararlo?

Sí, para mí, descifrar el mecanismo de aquel reloj era como llegar a la luna...

¿Qué ocurrió después?

Yo entusiasmado, tomo un colectivo y viajo 80 kilómetros a la ciudad de Buenos Aires; voy junto a un relojero y le cuento la anécdota. Me muestra un reloj despertador de aquella época y me dice: "Desarmalo". Decidido como siempre, no me amilano y lo desarmo. No me di cuenta de la trampa que me había puesto este señor. ¿Qué ocurrió? ¡Explotó el reloj en mi mano! Claro, por la presión de la cuerda. Ahí me dio una lección para toda la vida: "Esto es para que primero preguntes, luego escuches y después lo hagas..."

¿Con eso caíste en la cuenta de que la relojería era lo tuyo, don Armando?

Absolutamente, y eso le di a entender a ese sabio relojero, quien ese mismo día agarró una hoja de papel para anotar mis datos. A los 15 días llega de Buenos Aires una solicitud de ingreso para el examen que determinaba si tenía las condiciones de motricidad para ingresar al mundo de la relojería. Luego comencé a estudiar formalmente por correspondencia y al mismo tiempo a trabajar.

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Foto: Sonia Delgado

¿Cómo recaló en Paraguay?

Es una historia muy linda: Yo no sabía lo que era Paraguay. Terminó la Guerra de las Malvinas y llegó una propuesta para relojeros que consistía en una pasantía al extranjero. Me vi en la disyuntiva de elegir entre México, Panamá o Paraguay. Confieso que este país era mi última opción, pero como los demás lugares están muy lejos de Argentina y en ese tiempo mis padres aun vivían, por eso me jugué, y eso que en tiempos de Stroessner un argentino no era bienvenido. Tuve la suerte de ganarme el aprecio de un buen señor que me ofreció una radicación temporal y además la oportunidad de enseñar relojería electrónica.

Sobre esto último, don Armando Balladares nos relata que la sociedad de relojeros paraguayos se encontraba en pleno debate sobre aceptar o no los relojes electrónicos, algo que él supo aprovechar, al no quedarse en el tiempo. Claro, es imposible para alguien que sabe remar en las aguas del tiempo, quedarse estancado.

"Noté que había una gran oposición a la nueva tecnología y por lo tanto había mercado, y yo estaba preparado como para reparar relojes electrónicos", comenta con una pícara sonrisa.

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Foto: Sonia Delgado

¿Y hace cuánto tiempo que está radicado en el país?

Hace 30 años; y puedo afirmar que viví la época dorada de las relojerías en este país, y todavía continúo.

Las nuevas tecnologías, permiten a las personas ver la hora en la pantalla del teléfono celular. ¿Redujo esto la cantidad de clientes?

Para nada. La gente sigue usando relojes, fíjate que para muchos es más fácil girar un poco el antebrazo antes que sacar el celular del bolsillo para ver la hora. Aparte el reloj, más que un accesorio para medir el tiempo, es un accesorio que da buen aspecto y sobriedad a quien lo porta.

¿Cuántos relojes de pared tenés en la casa?

No tengo la más mínima idea, voy a volverme loco si los cuento...

¿Qué tal se lleva con la famosa "hora paraguaya"?

Aprendí a adaptarme (risas), claro que sin perder la formalidad. Me levanto a las 05:00 y si tengo trabajo que hacer no me quedo en la cama y digo "voy a dormir un poquito más", como hace la mayoría. Esa disciplina en la forma de hacer las cosas, hace que los clientes me aprecien, y también si el tiempo se administra bien, queda espacio para las cosas que a uno le gusta.


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Foto: Sonia Delgado

¿Es minucioso reparar relojes?

Bastante, pero como te lo he mencionado, se necesita disciplina, formalidad y sobretodo precisión, algo en lo que somos expertos los suizos.

Si bien Armando Balladares no nació en la tierra del hermetismo y los relojes cucú, es descendiente de suizos, y en la última fiesta de la colectividad suiza en Paraguay, organizada por el consulado de ese país, fue el representante del auténtico "relojero suizo", como nos comenta su hijo Elías, quien sigue los pasos de su padre.

La pregunta es bastante subjetiva: ¿Qué es el tiempo para don Armando Balladares? El planteamiento que podría resultar un rompecabezas para cualquiera, es simple para este señor:

Para mí el tiempo es darle provecho a nuestras vidas. El tiempo es un valioso fenómeno de la vida, al tiempo hay que aprovecharlo a su debido tiempo, no hay que perderlo, no dejes que pase. Ojalá que cuando lleguemos a viejos todos podamos decir a nuestros hijos: "Aprendí todo gracias al tiempo"

De padre a hijo

Elías Balladares Escrich (23), es parte fundamental del negocio, ya que es el único hijo de Armando, quien se interesó verdaderamente por la relojería y hoy es mano derecha de su padre. Hasta se encarga de la administración de las redes sociales de "El Relojero".

"Siempre estuve cerca de la relojería viendo lo que mi papá hacía, así empecé a interesarme en esto", señala.

¿Cuándo te decidiste por completo a ayudar a tu papá?

A los 16 años, en el 2006, ya en la adolescencia comencé a interesarme "de verdad".

¿Qué te dicen los amigos de tu edad porque te dedicas a algo no tan convencional?

A los muchachos les dejo en claro que soy el dueño de mi tiempo y de lo que soy capaz de hacer. En otras palabras, soy mi propio jefe. Varias veces me preguntaron: "¿Por qué no conseguís un trabajo como ordenanza o en una financiera?". Yo les respondo que tengo una profesión en la que por suerte no hay tanta competencia.


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Foto: Sonia Delgado

¿Cómo arrancaste?

Con los pulidos, comencé concentrándome en la terminación de los relojes. Descubrí que eso me salía perfecto, entonces ahora me encargo de eso además de la parte de atención al cliente, pero mi papá sigue siendo mi profesor.

¿Te tiene paciencia el profesor?

Yo soy el que le tiene paciencia (risas).

¿Pensás en transmitir la relojería a tus hijos?

Por supuesto que ese es el plan, así como yo heredé esto de mi padre.

Don Armando apunta: "Lo importante para nosotros es el prestigio, no el dinero, ver que la reparación fue excelente eleva la autoestima de uno, aparte mis clientes son también mis amigos de confianza. El servicio será caro, pero igual nos eligen".

Y la pregunta final: ¿En cuál de los relojes programan el despertador?

"En el celular", responden padre e hijo al mismo tiempo...