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Mundo
lunes 14 de noviembre de 2016, 13:12

El Prado reflexiona sobre el cuadro dentro del cuadro en "Metapintura"

Madrid, 14 nov (EFE).- Reflexionar sobre el arte que encierra el propio arte, indagar en sus límites y mirar la pintura como si fuera un espejo para identificar al artista es el objetivo de "Metapintura. Un viaje a la idea del arte", la ambiciosa exposición que inaugura mañana el Prado, su ensayo visual sobre la pintura.

Patrocinada por la Fundación Amigos del Museo del Prado en colaboración con la Comunidad de Madrid, la exposición, comisariada por Javier Portús, jefe de conservación de Pinturas Española del Museo del Prado, reúne 137 obras de autores como Tiziano, Velázquez, Rubens, Zurbarán, Murillo o Goya y dibujos, estampas, libros, medallones, piezas de arte decorativas y esculturas fechadas entre principios del XVI y finales del XIX.

De ellas, 115 pertenecen a la colección del Prado, y 22 han sido prestadas por 18 museos y coleccionistas diversos, explicó hoy Portús, quien señaló que el título de muestra, "Metapintura", "quizá pueda causar perplejidad en el arte, no así en el mundo del teatro o la novela de ficción donde es habitual hablar de metateatro o metaficción".

"Se trata de una exposición sobre los límites del arte, una exposición introspectiva desde un punto de vista individual del artista y también del colectivo. Es un espejo en el que el propio museo se está mirando. Un ejercicio de reflexión con los maestros del Prado", subrayó el comisario.

"Metapintura" comienza con los relatos mitológicos y religiosos sobre los orígenes de la actividad artística en los albores de la Edad Moderna y finaliza en 1819, año de la creación del Museo del Prado, "que supuso la entronización de la idea de arte del arte dentro de la nación y la sociedad".

Este viaje artístico se divide en quince etapas, la primera de ellas es "Los orígenes de la religión". Durante la Edad Modera proliferaban los relatos y las imágenes que probaban que la pintura y el arte eran actividades queridas por la divinidad que las utilizó para dejar memoria y testimonio. En esta etapa está presente el "Cristo crucificado" (1650), de Zurbarán.

Le sigue el apartado de la "Mitología", que incluye la mitología y la historia grecorromana y el origen de las artes y que tiene su símbolo en la historia de Narciso, que "creó" la pintura para contemplar su reflejo en el agua y que terminó ahogándose, y de Prometeo, que robó el fuego a los dioses para dar vida a un escultura.

Continúa la sección dedicada a "El Quijote y las Meninas". Las dos partes de la obra de Cervantes se publicaron en 1605 y 1615, y "Las Meninas" se pintó en 1656. Ambas del siglo de Oro, "dos referencias claves de la exposición y dos ejemplos de la cultura autorreflexiva de la época", señala el comisario.

Y es que la muestra también rinde homenaje a Cervantes en el IV centenario de su fallecimiento, y si el Quijote es "una novela sobre la novela", la obra de Velázquez es "pintura sobre la pintura", precisó Portús.

"El poder de las imágenes", "La pintura como signo", que incluye un homenaje al libro "El cuadro dentro del cuadro" (1978) de Julián Gallego, son otros apartados de la muestra, que sigue su recorrido con "Los límites del cuadro", que tiene como pintura simbólica a "Huyendo de la crítica", de Peré y Borrel (1874).

"Historia y tradición: Tiziano", tiene el autorretrato del pintor como centro de una sección que incluye obras de pintores españoles, italianos y flamencos que rinden tributo al gran al artista veneciano.

Otro núcleo importante de la muestra es "Arte infinito" presidido por "Las hilanderas", de Velázquez, que se mide con "El rapto de Europa", de Tiziano, y que se pueden contemplar ahora juntos, como ya ocurriera en la gran exposición que el Prado dedicó al pintor español en 2007-2008.

"El rostro del arte", "Los lugares del arte", "La historia del arte", "Mitos modernos: el amor, la muerte, la fama" o "Hacia un nuevo artista afectivo y subjetividad" son otros de los apartados de la muestra, que tiene a Goya como otro de los grandes protagonistas.

"Goya y la crisis de la imagen religiosa" por un lado y "El final del viaje" giran en torno al aragonés, que estaba pintando algunas de sus grandes obras al tiempo que se creaba el Museo del Prado en 1819, una de las instituciones culturales que se alzaron gracias al impulso dado por la revolución francesa, según el comisario.

Carmen Sigüenza