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Opinión
domingo 23 de julio de 2017, 01:00

El poder de lo cotidiano

Alberto Acosta Garbarino, presidente de Dende

La semana pasada estuvo en nuestro país el filósofo, físico y matemático colombiano Bernardo Toro, con el cuál durante dos intensos días tuve el privilegio de compartir largas conversaciones.

Hablamos sobre los diversos y complejos problemas que sufren amplios sectores de nuestra sociedad, como la pobreza, la inequidad, la inseguridad y falta de educación y de trabajo.

Hablamos también de la creciente degradación de la actividad política, que –con algunas contadas excepciones– elección tras elección hace que tengamos representantes de más bajo nivel intelectual y moral.

Y hablamos también de que con esa clase política y con los problemas que tenemos, se hace casi imposible que nuestros países puedan sostener un proceso de desarrollo de largo plazo.

Ante esta dramática situación, la posición de Bernardo Toro –que comparto– es que solamente podremos salir adelante con instituciones fuertes y un profundo cambio cultural, no de los líderes, sino de la gente común y corriente.

En sus conferencias Toro nos preguntaba qué pensaríamos si de un día para otro en nuestro país "los empleados públicos y privados llegan a tiempo a sus oficinas para atender adecuadamente a los ciudadanos; si los profesores preparan con cuidado sus clases para los alumnos; si los parlamentarios deciden hacer leyes justas y útiles; y si los jueces juzgan en verdad".

¡Sería algo impensable! ¡Sería el paraíso! Responde la mayoría. Sin embargo, así funcionan todos los países que han alcanzado el desarrollo. Funcionan las escuelas con profesores de gran calidad, funcionan los hospitales con médicos de gran calidad, funcionan las empresas con funcionarios de gran calidad y funciona el Estado con servidores públicos de gran calidad.

En esos países las instituciones funcionan y la gente hace su trabajo diario con gran calidad. Por eso en el año 2010 un país como Bélgica pudo darse el lujo de no tener un primer ministro durante 18 meses y casi nadie se dio por enterado. Por eso hoy en el 2017 un país como Estados Unidos puede darse el lujo de tener un pésimo presidente como Trump y la economía no se resiente.

"Lo que transforma y le da sustentabilidad a una sociedad son las transacciones cotidianas que hacen posible la supervivencia, la convivencia, la producción y la vida con sentido", nos recordó Bernardo Toro.

Estas reflexiones no podían ser más oportunas en este nuestro Paraguay que nuevamente tendrá que vivir un largo y desgastante proceso electoral, en donde los candidatos van a prometernos cambiar el país en cinco años, van a prometernos trabajo, educación y salud, van a prometernos... "el oro y el moro".

Tenemos que saber que casi todas esas promesas no se convertirán en realidad, como ocurrió en el pasado. Tenemos que saber que el desarrollo del Paraguay solamente será posible si el cambio se inicia en cada uno de los que habitamos este país.

Si cada uno de nosotros no se educa y no educa a sus hijos para vivir en el siglo XXI de manera responsable y ética, si no trabaja con tesón y esfuerzo, y si no ahorra e invierte productivamente, el desarrollo no será posible en el Paraguay.

Pero si logramos instalar ese cambio actitudinal personal, el Paraguay podrá avanzar rápidamente en el proceso hacia el desarrollo económico y social, y nuestra democracia se fortalecerá con una ciudadanía mejor educada y más comprometida.

Hace más de 15 años escribí un artículo en el que decía que Paraguay solamente cambiará su historia gracias a "minúsculos actos de coraje" de mucha gente, de cada uno de nosotros.

Esta semana el filósofo colombiano Bernardo Toro nos recordó el enorme poder de lo cotidiano.