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Opinión
miércoles 15 de febrero de 2017, 02:00

El obispo que ve piedrita en lugar de la montaña

Susana Oviedo – soviedo@uhora.com.py
Por Susana Oviedo

El arzobispo de Asunción, monseñor Edmundo Valenzuela, transparentó una vez su pensamiento y mucho más a través de una carta dirigida a los jóvenes sobre el caso del acoso sexual denunciado con gran valentía por nada menos que la coordinadora de la Pastoral Juvenil de la parroquia de Limpio contra el anterior cura párroco de esta localidad, el padre Silvestre Olmedo.

Valenzuela reveló en la carta que a él le interesan más las formas que el fondo; que para él la víctima de la denuncia no cuenta; que no le es relevante que el sacerdote involucrado haya admitido el hecho, ni que la joven que denunció el caso fuera activa miembro de la Pastoral Juvenil. Por eso, ni siquiera le pidió disculpas.

Aunque lo más elocuente de su misiva a los jóvenes es que pone al descubierto una mentalidad muy dañina y favorable a la impunidad que por siglos imperó en la Iglesia Católica para ocultar los peores pecados del clero. Entre ellos, miles de casos de pedofilia cometida por presbíteros y obispos.

El titular de la Iglesia metropolitana, la jurisdicción más importante del Paraguay, no sintoniza con las recomendaciones de Benedicto XVI y del actual papa Francisco, que alientan a denunciar a los sacerdotes abusadores y a los superiores de estos que apañen las "monstruosidades" de sus pastores.

"Debemos cuidar de no hacer de una piedrita, una montaña", recomienda a los jóvenes el arzobispo, resaltando con esta frase que a su juicio, que un cura manosee y acose sostenidamente a miembros femeninos de su feligresía no es algo grave. Es más, para precisar, explica lo de la piedrita, y dice: "Esto quiere decir que cuidemos la información de un hecho similar para evitar daños mayores producidos por la difusión en los medios de comunicación".

Dicho de otro modo, a Valenzuela le preocupa que trasciendan a la luz pública situaciones como la que denunció la joven acosada por el padre Olmedo, después de haber agotado las instancias de la Iglesia, esperar un par de meses alguna reacción de parte de la jerarquía, y tras recibir como mejor respuesta del arzobispo de que se pusieran a orar por el sacerdote.

A contramano con la exhortación de "hagan lío" que hiciera el actual jefe máximo de la Iglesia, Valenzuela, en lugar de reconocer el coraje para denunciar de parte de los chicos de la Pastoral Juvenil, y de alentarlos a mantener esa actitud crítica hacia cualquier abuso, los decepcionó y desalentó.

Con un arzobispo que no distingue entre una piedrita y una montaña, y con ideas y resoluciones que favorecen la impunidad, es fácil entender por qué a muchos les suenan a retórica las prédicas de los pastores a favor del respeto, la honestidad y la justicia, y que los jóvenes se sientan tan desmotivados.

Con su lamentable postura, los "daños mayores" que teme Valenzuela, los provoca él mismo.