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Economía
lunes 24 de abril de 2017, 01:00

El negocio de la desinformación

Vivimos en un mundo donde solo con una cámara de video y una conexión de internet se puede en un instante causar un daño irreparable a una marca a nivel global. Por lo que no debemos preocuparnos solamente de los activistas idealistas como los de Greenpeace, quienes tienen una política definida y una intención altruista desde su punto de vista, sino cuidarnos también de cualquiera que tenga como agenda generar el caos, promover la violencia y buscar con un acto atentar contra un símbolo empresarial o ícono patrio.

Este poder casi anárquico se ve potenciado a través de las redes sociales, las cuales son usadas indiscriminadamente para implantar materiales audiovisuales como virus que atentan contra la paz y cohesión de la sociedad. Los anticipadores de desgracias ya no necesitan pautar en medios de comunicación, o pasar por el filtro criterioso de periodistas profesionales, sino lanzar medias verdades con imágenes sacadas de contexto u ocurridas en otro momento o geografía, editando y mezclándolas con imágenes actuales, con lo que se crea una foto o video de contenido falso que induce al espectador a una conclusión equivocada.

Todo esto se puede hacer hoy en un smartphone barato en cuestión de minutos. Editar gráficamente un material secuenciando una falsedad, ponerle un audio que no corresponde, incorporar textos de una realidad inexistente, y enviarlo masivamente.

El objetivo apunta a la mayoría de la gente buena desprevenida, que no tiene tiempo de pensar, no está al tanto de todos los detalles de la realidad, y ya propensa a ser manipulada emocionalmente. Manipular el timming para implantar una primera impresión usualmente no constructiva.

Hemos vivido esto en los recientes eventos frente al Congreso, donde, en pocas horas, la confusión reinante y la información contradictoria que recorría las redes colocaban la imagen del Paraguay cercana a una posible Venezuela. Pocas personas desconocidas y encapuchadas agredían a un símbolo patrio.

Lo que ocurrió ese día, y como se relató después, tuvo también una intención manipuladora. Todos hemos recibido por WhatsApp materiales audiovisuales con medias verdades, generados por cada parte interesada, intentando engañar a la población omitiendo hechos, y hasta tergiversando interpretaciones.

Lo que pasó en el Congreso aún está por develarse, pues la manifestación estuvo infiltrada por un pequeño grupo de violentos con la única estrategia de generar daños al edificio del Legislativo, y a su vez filmarlo para promocionar la acción dando a entender que en Paraguay lo que estaba pasando tenia connotaciones mayores y más serias.

No obstante, sensato es indicar que el retroceso de las libertades sociales no ocurrirá más en el Paraguay. El sector privado en nuestro país está en un camino de sólido crecimiento, coadyuvando en la inversión directa extranjera. El Estado ya se financia en los mercados internacionales. La transparencia del Estado es un avance categórico. Este proceso es irreversible para una sociedad del siglo XXI. Paraguay no va a retroceder nunca más porque ya estamos insertados en el mundo global. El planeta ya nos dio su voto de confianza, y eso es un contrato que no vamos a romper.

Cortemos entonces de raíz los contactos que usan nuestros teléfonos como basurero de sus falsos materiales, difamando nuestra casa grande que es nuestro país. Protejamos el optimismo de nuestro espacio interior porque necesitamos paz para trabajar eficientemente. Nuestro filtro de criterio debe ser la información que ayuda a construir, puesto que nuestra responsabilidad es precisamente edificar sin pausas un país mejor.