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jueves 13 de julio de 2017, 01:00

El MEC debe promover el espíritu crítico de estudiantes

Lo dispuesto por la viceministra de Educación, Carmen Giménez, al obligar a que los estudiantes que convoquen a personas para debates o charlas en los colegios tengan que contar con autorización de las autoridades, constituye un caso de censura, luego de que los alumnos del Colegio Técnico Nacional hayan invitado a una charla sobre Democracia y Libertad de Prensa a personas con posturas cuestionadoras ante el Gobierno. En lugar de promover el espíritu crítico como parte de la formación de los futuros ciudadanos, el MEC muestra así una arista represiva, aplicando la adulonería oficial como forma de enseñanza, como ocurría durante la dictadura.

Un notable retroceso en los contenidos de la educación es el que se dio en estos días, a partir de la reacción de la viceministra de Educación, Carmen Giménez, cuando se mostró molesta porque los alumnos del Colegio Técnico Javier habían invitado a la conocida periodista de radio y televisión Menchi Barriocanal y al abogado Guillermo Ferreiro para mantener una charla con los estudiantes sobre democracia y libertad de prensa.

Barriocanal es la periodista a quien el propio presidente de la República, Horacio Cartes, había aludido en un discurso político, señalando que ella debería estar presa, al igual que su marido, el también periodista Óscar Acosta, junto con el joven dirigente liberal Steven Patrón, en ese momento recluido en la cárcel, a raíz de su presunta participación en los sucesos políticos del pasado 31 de marzo, en las protestas ciudadanas que derivaron en la quema del edificio del Congreso, entre otros hechos. Por su parte, el abogado Ferreiro es el representante legal del imputado Steven Patrón.

Es decir, la invitación cursada a la periodista y al abogado, quienes mantienen una postura crítica a las últimas acciones del actual Gobierno, evidentemente molestaron a las autoridades del Ministerio de Educación y Ciencias (MEC), ante lo cual la viceministra Giménez comunicó que, a partir de entonces, toda invitación a personas para mantener charlas o debates con los alumnos deberán ser solicitadas previamente a las autoridades del colegio y contempladas dentro de un proyecto educativo. Y las autoridades deberán aprobar esos nombres.

La actitud asumida por la viceministra fue interpretada y cuestionada por ser un intento de cercenar la libertad de expresión, tratando de evitar que personas que no tengan una postura a favor del Gobierno puedan acudir a compartir sus pensamientos y sus ideas con los estudiantes. La reacción ministerial nos remite a un nocivo pensamiento fascista o autoritario, que busca imponer a los estudiantes de qué modo tienen que pensar, evocando al controlador Gran Hermano que el novelista George Orwell caracterizó en su clásica novela 1984.

En lugar de promover el espíritu crítico como parte de la formación de los futuros ciudadanos, llevándolos a formarse con perspectivas diversas de pensamiento, el MEC se muestra en una lamentable fase represiva, aplicando la adulonería oficial como forma de enseñanza, como ocurría durante la dictadura.

En un país donde a sus gobernantes les cuesta mucho ser democráticos, la actitud de la viceministra de Educación implica un retroceso.