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Arte y Espectáculos
domingo 19 de marzo de 2017, 01:00

“El jazz me permite explorar y proyectarme, ‘es música social’”

Marco López

marcol@uhora.com.py

“El jazz tal vez sea el único género artístico que le da una importancia y relevancia primordial a la comunicación colectiva, como canal de expresión individual. Como decía Miles Davis: ‘es música social’. Es un estilo que me da la oportunidad de poder explorar una infinidad de posibilidades musicales y artísticas, las que pueden proyectarme como persona”. Estas son expresiones del baterista paraguayo Víctor Sebastián Morel (33), también conocido como Totito, hijo del emblemático Toti Morel y uno de los rostros más visibles de la nueva generación de músicos paraguayos que impulsa la escena del jazz en el país.

Sesionista, productor, líder de varias formaciones y colaborador en otros tantos proyectos, comenzó a tocar la batería desde que tiene memoria, guiado por su experimentado padre. “Fui privilegiado, mi primera batería me la regalaron a los cinco años, no era de juguete, sino más bien un kit diseñado para niños. Desde ese momento empecé a tocar el instrumento, aunque no fue hasta cumplir los quince años que decidí no solo ser baterista, sino dedicarme a la música”, revela Víctor, quien este año grabará, junto a sus compañeros de Joaju, un nuevo disco de estudio.

La figura paternal es esencial en su carrera. En la adolescencia forjó sus conocimientos y su amor hacia la música viendo cómo su padre se entregaba con pasión, tanto en los ensayos como en las presentaciones en vivo. Víctor seguía a su papá adonde fuera; armaba y desarmaba la batería de Toti dos o tres veces por noche, iba conociendo cada parte, cada detalle y, además, quedaba impresionado con su entrega. “Lo que me marcó fueron la garra y el profesionalismo con que encaraba los shows, sin importar si la música era buena o mala, o si el lugar era el ideal o no, uno siempre lo veía tocar con la misma pasión”, cuenta.

Y los consejos también fueron cruciales. “No solo lo tuve de profesor de batería, sino también de consejero sobre temas referentes al ambiente profesional de la música”, dice y asegura que “ser un dedicado al instrumento es valioso, pero, más aún lo es, si a la par se lo combina con la calidad de persona y la responsabilidad que uno tiene para con la música misma, a la hora de proyectar una carrera profesional”. En ese sentido, valora que Toti lo vinculara al circuito musical local “en el momento justo, sin apurar las cosas, y en el contexto adecuado”. De esta forma podía sentirse a la altura de las circunstancias, y evitar la ansiedad.

Por otra parte, considera necesario el fortalecimiento de la industria musical “en un país con una historia de alta calidad artística, pero que tiene mayor reconocimiento en el extranjero que en el propio país”.

Siguiendo con la reflexión, apunta que en estos tiempos “donde más que nunca la música paraguaya, incluyendo a todos los géneros, tiene una fuerza artística tremenda, con una búsqueda tanto de calidad como de identidad propia, que viene de los propios protagonistas (artistas) y el público que los acompaña”, debe ser apoyada por las autoridades culturales. “Es hora de que se den cuenta de esto, direccionando una política cultural real para el desarrollo artístico”, enfatiza finalmente.