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Economía
lunes 27 de marzo de 2017, 01:00

El futuro es hoy

La empresa de remises privados Uber fue demandada en tribunales de San Francisco, EEUU, por Google, uno de sus accionistas, por “robo de propiedad intelectual”. Esta propiedad es tecnología desarrollada por Google para el diseño y la producción de automóviles autónomos, que no requieren conductor.

Esta noticia parecería una rencilla doméstica entre empresas emparentadas, intrascendente para nosotros. Rencilla doméstica puede ser. Intrascendente, no tanto. Encierra un mensaje importante y urgente, que sería imprudente ignorar.

Varias empresas en los sectores automotor e informático están realizando inversiones multimillonarias en la tecnología de vehículos autónomos. Uber pagó USD 680 millones por la compañía que se habría alzado con la tecnología de Google. El año pasado, General Motors pagó más de UDS 1.000 millones por Cruise Automation, empresa novata que también desarrolla tecnología de automóviles autónomos, y Ford anunció que invertiría USD 1.000 millones en el desarrollo de inteligencia artificial.

La inversión más importante en el sector fue hecha hace unos días cuando Intel, la fabricante de microprocesadores, conmocionó al mercado bursátil anunciando la compra del paquete accionario de Mobileye, empresa israelí de sistemas de detección remota y conducción autónoma, por USD 15.300 millones, ¡unas cuatro veces el total de la deuda pública externa del Paraguay!

Que tantas compañías estén invirtiendo tanto dinero en esta tecnología es motivo de reflexión. Estas empresas no llegaron adonde están hoy haciendo inversiones atolondradas. Es evidente que ven un futuro altamente rentable en el mercado de vehículos autónomos, y se juegan a que en breve automóviles y camiones autónomos estarán circulando en las carreteras del mundo, desplazando de sus empleos a taxistas, colectiveros y transportistas.

El desarrollo de la inteligencia artificial, componente esencial de los vehículos autónomos, es tan vertiginoso que no hay sector de la economía que no será profundamente afectado, con grandes implicancias para gobiernos, el sector empresarial y el mercado laboral. Como se percibe del segmento automotor no serán solo empleos rutinarios de manufactura, o mano de obra no calificada, los que serán afectados. Ya hoy, complejas cirugías son realizadas por robots, controlados por un cirujano. Pero en el futuro, ¿será imprescindible el cirujano?

No es fácil predecir cuáles sectores serán los más afectados, o determinar qué carreras correrán la misma suerte que la taquigrafía, vocablo que más de un millenial solo comprenderá googleando. Sería osado pronosticar cómo serán, en pocos años, las profesiones de médico, contador o ingeniero de estructuras. Lo seguro es que serán distintos, y en algunos casos muy distintos a lo que son hoy.

Por lo mismo, las empresas requerirán cada vez mayor agilidad y resiliencia para enfrentar estos desafíos. El análisis de riesgos y oportunidades será una actividad constante de los gerentes, que deberán reorientar sus estrategias empresariales con creciente frecuencia.

En muchos casos, quien egresa hoy de una formación profesional no tendrá la misma actividad en una década, así de rápido se vienen los cambios. Esto acarrea gran responsabilidad para las instituciones educativas. Más importante que capacitar con un alto grado de especialización será necesario proporcionar al estudiante las herramientas básicas para el rápido aprendizaje de nuevas competencias. La vida laboral será más de cambio y capacitación permanentes.

Los gobiernos también deben adecuarse a esta nueva realidad. El concepto de empleo permanente, y por tanto la estabilidad laboral, es obsoleto. Más importante será facilitar la movilidad y proveer oportunidades de reentrenamiento al trabajador.

El futuro ya no es mañana; es un tsunami que se nos viene encima hoy. Quien no se sube a la ola, perece.