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Deportes
sábado 8 de octubre de 2016, 01:00

El fútbol herido

El 7 de mayo de 2015, tembló la estructura de la FIFA en Zúrich. Conocidos son los hechos que desembocaron en una renuncia adelantada de su presidente y figura emblemática de ese órgano por más de 30 años.

Mientras tanto, el mundo que ama este deporte presenciaba con desilusión lo que se presentía; sus dirigentes, en su mayoría, lejos estaban de servir al fútbol y muy cerca de ser servidos con largueza.

El Gobierno americano, junto con el club de países desarrollados, con sutileza legal, ejemplificaba vía su fiscal general del Estado la campaña de transparencia y regularización de paraísos fiscales, que en última instancia podrían financiar el terrorismo hoy presente en su territorio.

En este vendaval de acusaciones de la FIFA, se ahogaron millones de sueños juveniles que creyeron en un espectáculo límpido y noble. El deporte rey no solo coronaba con la diosa fortuna a sus atletas elegidos. También era merienda de magros dirigentes inescrupulosos.

Dejemos de lado la FIFA en Suiza, y dediquémonos a nuestra realidad. ¿Y cómo andamos en nuestra propia casa?

En virtud de derecho, los clubes deben rendir cuentas a sus socios; y las asociaciones, a su vez, a los clubes; pero tratándose del fútbol (cuya asociación lleva la casaca nacional, que es de todos los paraguayos, y cobra cientos de millones de dólares por ello), sería pertinente informar anualmente sus estados contables. No es una obligación estatutaria legal, sino ética que los organismos del Estado en esa área deben propulsar.

Dado el caso FIFA-Gate, es de esperar que la nueva dirigencia de la APF y el Comité Olímpico interpreten que se imponen nuevos códigos a respetar.

De mi experiencia como futbolista profesional, puedo decir que bastaba una mano para contar a los dirigentes que amaban al fútbol y servían con desinterés a sus clubes. La mayoría buscaba notoriedad a través de los medios de comunicación y medrar para algunos negocios con las puertas que abre el deporte. No es raro ver dirigentes que pagan para autopromocionarse. Bien es sabido que “clubes” unipersonales llevan administraciones que no distinguen entre sus bolsillos y los del club. Triste favor le han hecho al fútbol los empresarios que toman la rienda de clubes en forma unipersonal, donde solo les interesan los jóvenes talentos como fuente de millonarias transferencias.

En el ámbito olímpico, nuestro Gobierno canaliza fondos al deporte y a federaciones que no pasarían airosas una simple rendición administrativa. (Véase auditoría PKF de la SND, nov. 2013).

El Comité Olímpico Internacional ya tuvo su purga años atrás con Samaranch en un caso muy parecido al de Blatter. Pero en nuestro país no llegó la lección y descarte de las malas prácticas. La especialidad del esgrima es presidida hace 22 años por la misma persona. Quien permanece tanto tiempo solo puede sostenerse o porque sirve bien al deporte que ama o porque es bien servido por el mismo. Los antecedentes muestran que se trata del último argumento. Sin embargo, el apoyo del Comité Olímpico Paraguayo es incondicional a esta dirigencia. Es pura troca de votos para las elecciones próximas de ese organismo.

La APF debería apuntar a mejorar nuestro nivel de competitividad, y aunque los resultados deportivos mandan en el fútbol profesional, no debería ser con los juveniles el patrón rector a utilizar. No son los resultados deportivos en esa etapa importantes, sino los procesos formativos integrales deberían ser el gran éxito. Cada día se requiere más en la cancha de atletas que sean inteligentes y exitosos en sus vidas privadas. El gran desafío para ellos es manejar la fama y enormes ingresos que marean a quienes no tuvieron una formación balanceada en sus hogares. En esa etapa las lecciones básicas imperativas serían: aprender del ganar y del perder. La mesura en sus conductas con hábitos sanos; sometimiento a los valores del grupo, espíritu de solidaridad, respeto a sus compañeros, al cuerpo técnico, así como a rivales y al público.

Una presea de orgullo futuro para la APF sería legar un sistema que propicie dirigencias de clubes que impulsen las divisiones formativas incentivando futuros ciudadanos, cabales y prestos para la corta carrera del fútbol. Se precisan ex atletas y personas valiosas para insertarse luego de su carrera deportiva en ámbitos laborales. No es poca cosa ese desafío.

El tiempo nos dirá si esta nueva, joven y pujante dirigencia de la APF, con empresarios exitosos supo estar a la altura de mandatos éticos que nuestro país tanto necesita.

Hago votos para que se estudie cómo eliminar clubes personales sin socios y sin asambleas.

Hago votos para que los clubes paguen impuestos encima de cierto nivel de presupuestos o ingresos.

Hago votos para que con las transferencias internacionales se creen fondos para programas juveniles de la APF.

Hago votos para que el fútbol sea escuela de vida integral para los atletas dotados con talento.