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Mundo
lunes 12 de septiembre de 2016, 14:00

El flujo de familias centroamericanas sin papeles vuelve a aumentar en EE.UU.

Washington, 12 sep (EFE).- Las detenciones de familias indocumentadas, en su mayoría centroamericanas, en la frontera sur de Estados Unidos se acercó en agosto a la cota de las 10.000, rozando el nivel alcanzado en los peores meses de la crisis migratoria de 2014, informó hoy la Patrulla Fronteriza.

Entre octubre del año pasado y finales de agosto, la Patrulla Fronteriza detuvo a 68.080 unidades familiares que intentaron cruzar ilegalmente la frontera entre México y Estados Unidos, 9.359 de ellas solo el mes pasado, mientras que los menores indocumentados sin un acompañante adulto alcanzaron los 54.032 (5.804 en agosto).

La llegada acumulada de unidades familiares en lo que va de año fiscal, en su mayoría centroamericanas, es superior a los 66.144 del mismo período de 2014, mientras que en el caso de menores que realizan esta travesía en solitario la cifra está por debajo de los 66.115 de los mismos meses 2014.

Los datos de detenciones de familias en agosto (9.359) fueron las más altas en un solo mes desde el inicio del verano en 2014, cuando hubo cerca de 13.000 familias detenidas en mayo y en junio superaron las 16.000.

Asimismo, en agosto fueron aprehendidos 5.804 menores sin acompañante, un nivel ligeramente superior al dato de julio y junio, pero significativamente por debajo de los más de más 10.000 niños que fueron detenidos en mayo y junio de 2014.

La mayoría de niños y familias detenidos en la frontera sur en lo que va de año fiscal son ciudadanos de El Salvador, Guatemala y Honduras y, en menor medida, de México.

La migración de 2014 desató una crisis en la frontera ante la imposibilidad de la Patrulla Fronteriza de gestionar la llegada de los menores, que deben pasar a la responsabilidad del Departamento de Salud y sus casos deben ser tratados con extremo cuidado y sujetos a la posible protección de asilo.

Las crisis humanitaria de menores y familias que se inició en 2014 llevó al Gobierno estadounidense a poner en marcha planes de combate de la violencia, la pobreza en los países de origen y para atender peticiones de asilo in situ, con el fin de disuadir de realizar el peligroso viaje desde Centroamérica a la frontera de EE.UU.

No obstante, esos planes no parecen haber convencido a miles de centroamericanos de todas las edades y no han contribuido a una merma significativa de las llegadas de grupos de población extremadamente vulnerables, que deben sobreponerse a los peligros del camino, de las mafias, los narcotraficantes y finalmente del complicado paso de la frontera desértica en la clandestinidad.